Pregón Semana Santa 2009

PREGON DE LA SEMANA SANTA DE SANLUCAR DE BARRAMEDA 2009

Escrito por D. Rafael Gálvez González.
Pronunciado el día 29 de Marzo de 2009, Domingo de Pasión.


Cofrades de este mi pueblo:
Nos llegó la Primavera:
Los aromas del incienso
perfuman todas las calles.
Despierta entre blanco azahar
la gran Sanlúcar cofrade.

Se preparan parihuelas,
las mejores flores se abren;
túnicas de seda se orean
y se suavizan costales.

Van y vienen los priostes
-para que nada nos falle-
desde Iglesias a Hermandades,
cuidando todo detalle.

En la Plaza de Santa Ángela
el viejo árbol se ha enterado
y vuelve ya a colocarse
su anual hábito morado.

En el Castillo Santiago,
por el Carril de San Diego,
al ver de nuevo a Jesús,
tiemblan sus muros tan viejos.
Misericordia, Descalzas,
el antiguo Barrio Alto,
ya se despierta soñando
con ver sus pasos de palio.

Y ya Jesús se hará Paz,
Humildad, y Dios Moreno,
Misericordias, Cautivo
y Oración en ese Huerto…

Milagro en Santo Domingo,
Silencio, y Nazareno
que cargará con la Cruz
por los pecados del pueblo.

Y expirará el Jueves Jesús
en su Barrio Marinero,
y ante la Cruz de Angustias
lo encontraremos ya Muerto.

Pero llegarán aromas
desde La Jara diciendo,
que el mejor de los nacíos
va a Resucitar de nuevo.

Todo es ya Estrella de Amor,
Victoria. Gracia y Esperanza,
Soledad, y Mayor Dolor,
Penas, Amargura, Angustias,
Dolores, Lágrimas, fervor,
que cantan en lontananza
el triunfo del Salvador.

Sanlúcar ya es primavera
y Cristo a la calle saca.

¡Mis cofrades sanluqueños,
que se nos alegre el alma,
que queda tan solo un suspiro
pá empezar Semana Santa.!

Ilustrísimo Monseñor Don Luis Núñez Rodríguez.

Reverendo Sr. Asistente Eclesiástico del Consejo Local de Hermandades y Cofradías.

Ilustrísima Señora Alcaldesa-Presidenta del Excelentísimo Ayuntamiento de la muy Noble y Muy Leal Ciudad de Sanlúcar de Barrameda.

Dignísimas Autoridades.

Sr. Presidente y Consejeros del Consejo Local de Hermandades y Cofradías.

Sres. Hermanos Mayores de todas las Cofradías de Penitencia, Sacramentales y de Gloria de nuestra Ciudad.

Queridos cofrades que me honráis con vuestra presencia, amigas y amigos todos: Que la Paz de Jesucristo esté en vuestros corazones en estos momentos en los que me dispongo a proclamar los Misterios de su Pasión Muerte y Resurrección.

Postrado de hinojos a tus pies, Bendita Madre y Santa Patrona, Virgen de la Caridad. Este humilde sanluqueño te pide licencia para empezar este Pregón, deseando que mis palabras sean capaces de expresar en voz alta lo que mi corazón siente.

Que como vara de nardo, como alfombra de sal, como río que te trajo desde Sevilla, mi prosa simple y torpe sepa anunciar a los cuatro vientos los Misterios de tu Hijo Jesucristo en la Semana Santa, según Sanlúcar de Barrameda.

Ciudad a la que hace
cuatro siglos que llegaste
y haciendo aquí tu morada
no quisiste ya marcharte.

Madre del más puro amor,
Caridad omnipotente,
protege a este tu pueblo
con la unción de tu aceite.

Virgen la más pequeñita,
la de esos ojos tan verdes:
Sanlúcar te quiere y pregona
elevándote sus preces.

Reina de cielos y tierra
nimbada de excelso amor,
flor de jazmín y azucena
y Madre del mismo Dios.
Sanluqueña de cuatro siglos,
Alcaldesa de la Ciudad
mostrando siempre a Jesús
con la Luz de tu Caridad.

Divina Señora mía,
Virgen de mil amores
tallada así pequeñita
pá ocupar los corazones.

Caridad la del aceite,
Caridad de los señores,
Caridad la de Sanlúcar,
Caridad de los amores
de todo un pueblo entregado
y rendido a tus favores:
Condúceme en mi Pregón
por la senda de tus primores
y pon en mi boca palabras
con dulce aroma de flores.

¡ Que mi Pregón de hoy sea
mi tributo de vasallaje
para que pueda hoy rendirte
mi más sentido homenaje !

Y llegado este momento, tengo que agradecer a cuantas personas me han alentado y también se alegraron de mi nombramiento como pregonero, así como a tantos cofrades que me han demostrado su amistad y cariño. A “El Rincón del Costalero” por estas estupendas pastas, a los amigos de “La Cofradiera”, por tan buenas convivencias, a las Hermandades que me han animado en el intento, y a los amigos y socios de mi asociación “El Jarrillo de Lata”.

Agradecer a mi presentador, Don Ángel Cadena Ríos, porque todo lo dicho le ha salido del sentimiento de su corazón. Yo sé, Ángel, todo el trabajo y los quebraderos de cabeza que te habrá costado plasmar todo lo que has dicho en tan poco tiempo. Gracias. Ángel. Yo sé que en el corazón hay guardadas muchas más cosas, pero como se suele decir: “Qué sabe nadie”.

La designación de mi Presentador estaba más que clara. Hoy quizás haya sido más oficial, pero hace ya mucho tiempo que tú me presentaste, Ángel, en muchos terrenos de este tan amado mundo de las Hermandades, y en cada advocación que tanto nos une, donde tantos ratos buenos, y también algunos malos hemos compartido, camino de la Blanca Paloma. No puedo dejar de recordar a mis padres y familia, por haberme inculcado desde pequeño todos estos valores de los cuales me siento tan orgulloso y de los que tanto presumo. A mi mujer, a mis hijos, que nunca dejan de apoyarme y donde tengo el bastión para afrontar tantos objetivos. Y a tantas personas que ya no están físicamente, pero a las que presiento en cada momento.

Pero permitidme que en estos momentos recuerde a un amigo, del que tanto aprendí y tanto disfruté de su amistad. Mi amigo Antonio Taviel de Andrade, que está en el cielo, si hubiese estado aquí la misma noche que me designó el Consejo como Pregonero hubiésemos conversado algo parecido a esto:

– Antonio, que me han propuesto para pregonar la Semana Santa de Sanlúcar.
Me habría mirado y habría dicho:
“Y tú, Rafalito, habrás dicho que sí ¿ verdad?”
A lo que yo hubiese respondido:
¿Y qué hago, si me meten en estos líos?
“:¿Te meten? No, no, no. Donde no hay líos tú los creas y después te metes dentro. Pero vamos a ver qué vas a hacer, porque conmigo no cuentes esta mano”.

Pero como llevado de la mano de Antonio, voy a ir desgranando las palabras de este Pregón, tal y como lo haría en su presencia, porque

Pregoneros habrá en el mundo.
pero como tú ninguno,
porque señores cofrades,
sin que nadie se me enfade,
pregones habrá pocos
como los de Antonio Taviel de Andrade.

Pero obviemos ya más preámbulos, y asentando firmemente los pies en el albero, cual toricantano que se dispone a tomar la alternativa, vamos revivir anticipadamente, y todos juntos, esas fechas tan importantes para cristiano que son las de Semana Santa. Y así tras agradecer la intervención d la Banda de Música Julián Cerdán y las piezas musicales que ha seleccionado para este acto del Pregón, y transportados ya como por un ángel protector a los mismos umbrales de la Gloria, vamos a llenar de alabanzas este recinto en honor y gloria de nuestro Señor Jesucristo y de su Bendita Madre María, como dijera el inolvidable Rodríguez Buzón en estas mismas circunstancias

Dios te salve, Sanlúcar,
llena eres de Gracia.

Jesús salió y fue, según costumbre, al otro lado del torrente Cedrón donde había un huerto. Se dirigió Jesús con sus discípulos a una finca llamada Getsemaní, y llegados al lugar, les dijo: “Orad para no entrar en tentación”. Y les dijo también: “¡Mi alma siente una tristeza mortal! Quedáos aquí y velad”

Y El se alejó de ellos la distancia de un tiro de piedra, se puso de rodillas y oraba diciendo: “Padre, si quieres aparta de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

Y el Padre le dice a Jesús: “Aquí, en Sanlúcar de Barrameda, durante siete días, vas a consumar la Redención del género humano. Tú, mi Hijo unigénito vas a morir para que muriendo Tú se salven los sanluqueños y se salve la humanidad”.

Y en cumplimiento del designio divino, en Sanlúcar de Barrameda la noche del Miércoles Santo Jesús será Misericordias, azotado por sayones de orden de Pilato. El pueblo contemplará como recibe latigazos un hombre inocente y volviendo la vista al centurión romano, deseará que baje su mano para que acabe tan injusto castigo.

Santísimo Cristo de las Misericordias y Virgen de los Dolores, que por calles adyacentes al pequeño relicario que es la Iglesia de la Trinidad hacen ese tan clásico recorrido por Regina, Chanca, Carmen Viejo y Trascuesta, como no queriendo apartarse mucho del lugar en el que todo el año reciben a todos sus hijos, que depositan a sus pies oraciones y plegarias, para que Ellos sean la ayuda tan necesaria para continuar el duro camino y conseguir solucionar todos los avatares de sus vidas. Sanluqueños de la Plaza, subid hasta el Barrio Alto para ver como se derrama la Misericordia de Cristo y para poder contemplar la sanluqueñísima cara de su Madre la Virgen de los Dolores. Y regresar luego a esa Bendita Plaza por la Cuesta de Belén donde esperará todo el pueblo, que se hará saeta para aliviar tan injustos azotes y no dejar que se claven siete puñales en el corazón de esa Bendita Madre:

Y por quitarte el dolor
tu pueblo te reza y canta
haciéndose todo clamor
de piropos y alabanzas.

Eres un lirio de pasión
en esta noche tan santa
que sumida en tanto dolor
al verte se parte el alma,

Virgen mía sanluqueña
y Señora de la Plaza
que por hacerte más suya,
Lola te rezan y llaman.

Por la Cuesta de Belén
avanzas entre azahares
con finura de Señora
y mocita en tus andares.

Y así, pasito a pasito
acallando los rumores,
hasta su plaza ya llega,
levantando mil clamores,
acompasando su andar
y avanzando entre fervores:

Si Jesucristo, por mil razones,
hubiera nacido en Sanlúcar
su Madre sería, sin duda,
la Virgen de los Dolores.

Y continuaba el Padre hablando a su Hijo mientras éste estaba postrado de hinojos en Getsemaní:

“En el Pretorio del Lunes Santo te desnudarán y echarán encima un manto púrpura. y sobre tu cabeza una corona que tejerán de espinas. En tu mano derecha pondrán una caña, y delante te harán burla, diciendo: “Salve, Rey de los judíos!”.

Jesús, en toda su Humildad y Paciencia. Nazarenos granates con cinturón de esparto y sandalias franciscanas. Hileras de cirios blancos alzados, caminando mirando siempre adelante, formando un ejemplar y solemne cortejo. Estando, pero como si no estuvieran.

Popular Hermandad de La Cañita, que nos enseña a Jesús paciente con la mirada ensimismada, aceptando la voluntad del Padre, después de haber sido ultrajado y ofendido. Hermandad que siempre ha sido ejemplo de humildad, haciendo honor a su actual carácter franciscano desde sus años fundacionales, humildad presente no sólo en la ornamentación de sus pasos o la sencillez de sus enseres, sino por el carácter y la actitud de las personas que la formaron.

Por eso a Sanlúcar entera enamora la Hermandad de la Cañita, y por eso todo es blanco la tarde del Lunes Santo. Blanco como el paso donde reluce una Virgen guapa, Virgen de las Lágrimas, a la que el Barrio Alto quiere quitar su llanto y la llama Reina. Porque sí, porque se siente y se palpa, por que cuando la Virgen enfila el Carril de San Diego, su cara se vuelve dulzura y encanto, y encandila y enamora donde todo el mundo quiere mirarla, consolarla, acompañarla, para que en su cara de Madre apenada no vuelva a asomar ni una lágrima más:

Todo se hace blanco
la tarde del Lunes Santo.
No hay pintores que pinten
la dulzura de tu llanto.

Lo turbio ya es limpieza,
la luz florida se mantiene.
ya es cercana la belleza
que en tu cara se detiene.

Vas destilando dulzura,
Humildad, amor y cariño
y el alma entera enamorada
se entrega a Tí igual que un niño.

Entre varales de plata
a compás te van guiando
bajo costales de seda
mitigando así tu llanto.

Señor, que se pare el tiempo,
que no se pierda el encanto,
porque la Reina del Cielo
cruzando va el Barrio Alto.

Y al volver por las Descalzas
¡Ay. noche del Lunes Santo!,
estrellas del firmamento
un palio le van formando, y la gente que le ama
con piropos la van besando.

Se oyen pisadas eternas
y hay susurros en las gargantas:

¡Poco a poco. costalero,
bébete la primavera
que pa Lágrimas tan santas
Sanlúcar se hace pañuelo
y llora con Ella su duelo
de una Pena tan amarga!

Jesús será Cautivo después de hablar con el Padre. Judas dio la señal al decir: “Aquel a quien yo bese, ese es. Prendedle”.

Jesús, que sabía todo lo que iba a sobrevenirle, salió y dijo: “¿A quien buscáis?” Y le respondieron: “A Jesús el Nazareno”. Jesús contesta: “YO SOY”. Y en aquella hora añadió: “Como a un ladrón, así habéis salido a prenderme. Diariamente enseñaba sentado en el Templo y no me prendisteis, y ahora me atáis como a un delincuente”.

Anacronismo que se da en Sanlúcar, porque Jesús se nos muestra Cautivo y con corona de espinas, como reflejo de aquel momento en que Pilato lo presenta al Pueblo diciendo: “He aquí el Hombre”.

Y otra vez, todo el pueblo de Sanlúcar, desde La Colonia hasta La Jara visita la Iglesia de los Desamparados a contemplar su figura erguida y atada de manos. Y otra vez, millares de rezos y plegarias derramados a sus pies. Y otra vez, los ojos ensimismados en su figura enhiesta. Y otra vez, las lágrimas que ruedan por las mejillas sanluqueñas al contemplar su dolor. Y otra vez, la voz susurrante de la gente del pueblo.

Para pedirle. Para darle gracias por tantos favores. Para suplicar remedio a los males que nos atenazan. Y mirando a sus manos, desean liberarlo de sus ataduras. Para que esas Benditas Manos recojan las plegarias y alivien a tantas y tantas personas que en Él tanto confían.

Y por eso también, la noche del Jueves Santo, después de que se burlaran de Él, de que le quitaran el manto púrpura y le colocaran otra vez su túnica cargándolo con la Cruz para crucificarle en ella, tratarán de aliviarle en tan duro trance y mostrándole su amor, irán detrás de Él. Legiones de mujeres cumplirán sus promesas y rezarán, para que su Cautivo les siga dando salud, y les siga aliviando sus penas.

Así también otra Mujer, la tarde del Jueves Santo, por la Plaza de San Roque, se hará Estrella y emprenderá como ellas el camino detrás de Jesús sabiendo que lo llevan Cautivo:

Por la Plaza del Cabildo
pasa fugaz la Estrella
haciendo la tarde noche
en la orilla de su Pena.
¡Ay, mi Señor Cautivo,
tan grande se hace su Amor
que al divisarte a lo lejos
se le quiebra el corazón!

Esplendoroso caminar de la Virgen de la Estrella por toda la ciudad. Hasta llegar a uno de los momentos mágicos de la Semana Santa cuando la Cofradía llega a la Capilla de San Jorge, delante de la Virgen del Rocío, produciéndose el diálogo mudo de las dos Señoras.

Encendida en cirios blancos
muy chorreados de cera,
con llamas vivas y alegres
hasta San Jorge ya llega.

El pueblo impaciente espera
esa revirá precisa,
frente a frente una Estrella
y una Reina de Marismas.
El Niño al verla le dice:
– Mira que vienes Tú guapa…
– Pues anda que tú por mayo en la carreta de plata…

Al pastorcito en su cara
le aparece una sonrisa
y muy zalamero dice:
– Quédate, no tengas prisa.

A los golpes del martillo
al cielo vamos con Ella
y en ese momento al Niño
toda la sangre se altera.
Y ya cambia sus zahones,
los botos y hasta el sombrero
por costal y zapatillas
por entrar de costalero.

No me esperes esta noche,
Madre mía levantá,
que voy debajo del paso
y regresaré al clarear.

La Rocina está en silencio
la noche del Jueves Santo,
que entre sus hombros el Niño
a la Estrella va llevando.

Una Oración en San Jorge
a quien me hizo costalero,
y meterme bajo el paso
pá en Sanlúcar ir diciendo:

¡Que Madres más guapas tengo,
que son dos rosas tempranas,
Rocío de la Mañana
y Estrella del firmamento!

Y también se hace el Silencio en Sanlúcar y se escucha el sonido del ruán nuevo, y el crepitar de la llama al arder sobre la cera, y se ampara con la luna aguardando la Pasión. Es entonces cuando nuestro pueblo se hace Vía Dolorosa, donde sus viejas calles sirven de guía a Jesús del Silencio y donde se produce el repeluco en la fría noche, y Jesús va cargando con la cruz con la mirada fija en el suelo. Jueves de tinieblas, de rezos, de salves y de luz de velas.

Nazarenos de negro ruán y cinturón de esparto, manifestación pública de compromiso con las Reglas de su Hermandad, unas Reglas que hace ya treinta años se supieron apuntalar bien en sus cimientos.

¡Silencio!
¡Silencio de esparto y negro!
¡ Amor que viene en Silencio
transminando Amor eterno!

El templo abrió sus puertas
y apareció el Nazareno
entre callados clarines
que sin voz tocan a duelo.
¡A esparto huele la noche
noche de tu desconsuelo!

Y pasa tu Amor bendito
cargando con el madero.
descarnado, escarnecido,
pintando de sangre el suelo,
como claveles de Amor
bordados en tu pañuelo.

¡Silencio!
¡Silencio de esparto y negro!
¡Callado Amor que atraviesa
como un puñal a tu pecho!

Una saeta clavó
martinetes en el viento;
brisas de Amor en la mar,
que avanta a barcos veleros.

Mas no pudiendo abrazarte
a ese cofre de consuelos
peleas con la muerte a besos,
hasta fundiros los dos
en las carnes de su cuerpo.

¡Silencio!
¡Silencio de esparto y negro,
de la muerte redentora
que te envuelve con sus velos!.

Y el pueblo te lo acogió
con el corazón abierto,
bajo las nerviosas luces
del campo del firmamento
y allí sembró sus cariños
enlutados de oro negro.

La multitud se estremece
de sus cimientos al cielo,
su Silencio en sus tinieblas
sobrecoge sus adentros;
y te adivina a su paso
donde andean los luceros
mientras se ahoga en mi garganta
una saeta de hierro.

¡Silencio!
¡Silencio de esparto y negro!
¡Silencio de nos trenzados
de amargura y sentimiento!

Penumbra de madrugada
de suspiros y lamentos
de rachear de alpargatas,
música de costaleros,
gris música de campanas
que cargan su cuerpo yerto.
Los jardines a su paso
pónense en jazmines negros
y las tristes golondrinas
rompen sus trinos en duelo,
llorando lo que fue gloria
por adivinarlo muerto.

¡Oh. que luna embriagadora
transida de sentimiento!
¡Triunfó su gran Silencio!

¡Silencio!
¡Silencio de esparto y negro!

Jesús Nazareno, la Madrugada del Viernes Santo te seguirá una muchedumbre de pueblo y de mujeres, que se golpearán el pecho y te llorarán.

Aquí en Sanlúcar, año tras año, Jesús entra sigilosamente en nuestra morada cada Madrugada. Donde el Señor llevará nuestra cruz por todo un pueblo. Jesús Nazareno, que arrastra cada año tras el sagrado madero a Sanlúcar entera. Belleza, dolor y portento que levanta la inspiración de cualquiera que se atreva a mirarle a la cara. Historia viva de todo lo nuestro, donde la solemnidad de siglos sólo es alterada con el llanto de la corneta. Nazareno, hazte presencia para volver a ocupar el lugar que te mereces. ¿Por qué te pierdes por las calles? ¿No encuentras el camino? ¿Por qué deambulas en la Madrugada?

Señor de inmensa bondad, haz que volvamos a ver la Hermandad que todos conocimos desde niños, de hombres capaces, con la seriedad que tanto la caracterizó, donde la gente del campo, el vulgo de viñistas, alardeaban justamente de silencio, disciplina y obediencia en su estación de penitencia con el Señor de la Madrugá. Donde otra vez luzca la máxima Fe, la máxima Obediencia, la máxima Disciplina. Jesús de inmenso poder, Tú que sabes tanto de este pueblo, vuelve a ser el faro que nos guíe, Tú que sabes tantas verdades y tantas mentiras, no nos permitas dudar, Tú que todo lo consigues, lié- vanos al firme puerto de tu inmensa Bondad.

Porque a veces me pregunto: Si Tú fueras como uno de nosotros, de carne mortal y hueso blanco, seguro que serías de los que luchan por las cosas de este pueblo, de los que huirían del oropel de una vara, y tampoco de los que se venden por treinta monedas.., o por treinta votos. Haz que tus labios digan: Sanlúcar, no llores por Mí, sino llorad más bien por vosotros y por vuestros pecados. Mujeres de Sanlúcar, llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos, porque si esto pasa con el leño verde… ¿con el seco que será?

Que sea Madrugada de reflexión y silencio de calles, entre recuerdos de los días pasados. Madrugada en la que nuestro sueño no durará las horas precisas, pues será interrumpido con la inmensidad de tu presencia, y con la belleza de tu Madre, a la que San Juan no cesará en su empeño de dar con suelo en su Amargura.

Todos los viernes Tú estás
esperando el rezo oír
sabiendo el hondo sentir
de quien te va a rezar
por calle Monte y Piedad.
Siglos llevas escuchando
y tu amor vas derramando
a tanta, tantísima gente
que se llegan para verte
y tu gracia van buscando.

A las tres, escalofríos
el Viernes de Madrugada
y con túnica morada
emprendes ese camino
para cumplir tu destino.
Portando pesada Cruz
contemplamos a Jesús
sobre monte de claveles,
donde hombres y mujeres
encuentran en ti la luz.

Sanlúcar cumple promesa
detrás de su Nazareno
con un amor tan sincero,
que da Fe de la certeza
un pueblo que tanto reza.
Un rumor, como quejido
anuncia ya su camino
y la noche se le entrega
cuando gime la corneta
por este Señor tan divino.

Bajo el brillo de la luna,
la Virgen en su penar
consolada va por San Juan,
conmoviendo su ternura
mientras llora la Amargura.
Y se nos va de la mano
la Madrugada de siempre
estando Jesús presente
con ese semblante humano…
y parece que olvidamos…

Es tan grande ese momento
cuando te haces presencia,
que las gentes sin conciencia
andan como lobos sueltos
destrozando sentimientos.

¡Respeto pido, señores,
al mejor de los mejores,
por este Padre tan Bueno
que es Jesús el Nazareno
de la Fe de mis mayores!

Y tal como el Padre le había señalado, llegará también la tarde del Martes Santo hasta la Iglesia del Carmen para cargar con la Cruz, y allí obligarán a un tal Simón de Cirene a ir tras de Él ayudando a llevar el madero cuando tus fuerzas flaqueen. Sanlúcar te conocerá por Nuestro Padre Jesús del Consuelo. Cofradía arraigada desde calle San Juan hasta las fronteras que se abren por el Mazacote camino de La Jara, sobre la que se cebaron avatares e infortunios desde su fundación hasta nuestros días. Y que nos muestra la impresionante cara de Jesús llevando la Cruz.

Y allí, una Hermandad demostrando cada año corno se hace de buen cirineo con el trabajo y desvelo para con sus Titulares. Recordarnos en el tiempo su precaria situación, pero ahí los tenemos, renovando esfuerzos e ilusiones durante todo el año.

Y, bajo palio, la Virgen del Mayor Dolor, con andares de plata fina y hombres con empeño, que no va sola esa noche, que por toda Sanlúcar va luciendo. ¿Quién dijo que no hay Martes Santo en este pueblo, si va Jesús del Consuelo cargando con su Cruz y Sanlúcar es su cirineo, para que María del Mayor Dolor tenga ese mínimo consuelo en su infinito desgarro?

El sol brilla en la tarde
entre las nubes del cielo
mientras ya sale del Carmen
Nuestro Padre del Consuelo.

Sobre claveles o lirios,
sobre cardos borriqueros,
con faroles o gruesos cirios
impone este Nazareno.

Su mirada penetrante
nos traspasa el corazón
que estalla, de galopante,
recibiendo su Bendición.

Sanlúcar el Martes Santo
se haría rezo y pañuelo
viendo sufrir tanto y tanto
a su Padre del Consuelo.

Qué no habrás pasado Tú,
por tanta historia vivida
que has sufrido las
espinas mientras cargabas la Cruz.

Quien fuera aquel cirineo
que te aliviara el camino,
quien fuera sandalia
y manto de tu pisar peregrino.

Sanlúcar entera le puso,
a tu dolor sometido,
un Rosario de Pasiones,
un rezo de amor henchido.
Un Dolor tan poderoso
que traspasa el corazón,
tan triste, tan tenebroso
que se hace Mayor Dolor.

Dolor de corazones,
Dolor de Madre Buena,
de celestiales consuelos
Dolor de la Vida Nueva,
Dolor de las bendiciones,
Dolor que se hace saeta,
Dolor de nuestros amores,
entre cuaresma y cuaresma.

Sólo el castillo y su almena
son testigos del milagro,
que se bajó de los cielos
con todo el Mayor Dolor
convertida en el Sagrario
del Consuelo de su Pueblo.

Ya Sanlúcar es testigo
de tu abrigar paso a paso,
del Consuelo que a tu Hijo
por sus piedras le vas dando.
Y en tu aflicción vas clamando:
Mira mi alma, Jesús,
que no me cabe el consuelo
al verte sufriendo tanto.

¡Que me baje de los cielos,
para decirte, llorando,
que por tu Cruz yo me muero
la noche del Martes Santo!

Jesús seguirá orando y diciendo: “Abba. Padre, todas las cosas te son posibles. Aparta de mí este cáliz, pero no se haga lo que yo quiera, sino lo que Tú quieres”. El Padre continúa hablando con Jesús y dice: “Sanlúcar se hará Gólgota y te contemplará crucificado”.

Y clavado en la Cruz veremos a un Cristo moreno, con la faz desencajada, no queriendo exhalar el último suspiro.

Cristo de la Expiración, milagro de amor sobre la Cruz, al que todos querríamos soportar el peso de su cuerpo para que siga vivo entre nosotros. Cristo de tez curtida por la sal, por la brisa marina de Bajo Guía, de rasgos agitanados, de mirada que se clava en nuestras almas hasta hacernos daño, hasta implorar su perdón.

Jueves Santo a las cinco de la tarde, Jesús de la Expiración contempla el cielo de Sanlúcar con sus ojos perdidos en el firmamento, e intenta alzarse sobre la cruz para llenarse con todo el aire de su pueblo, y poder llegar con un hálito de vida a hacer estación de penitencia en la Parroquia de la O. He aquí a un Hombre valiente que se aferra a la existencia como marinero en un temporal.

Hermandad que vinculamos a un barrio y que por ignoradas razones se aleja cada vez más de ese entorno. Señor que tantas veces llegaste a esa Plaza del Pino, haciendo tu eterno paseillo ante la Plaza de Toros, estampa añeja de esa Semana Santa del ayer, la cual muchas personas mayores del Barrio añoran: Sigue triunfando sobre el albero de todas las plazas de Sanlúcar, para que tu triunfo nos lleve a tu perdón, Señor, tu Perdón.

Toda Sanlúcar te encuentra
en esta tarde del Jueves
ahogándose en la pena,
sabiendo que Tú te mueres.

Lleva un porte tan divino
pero al mismo tiempo humano
sobre monte de claveles
clavado de pies y manos…

Cristo del más puro amor
que la vida has entregado
y al Padre le vas diciendo
que todo está consumado.

Conversación casi eterna
antes del último aliento.
Cristo gitano, Cristo moreno
Cristo bendito, Cristo bueno
Cristo que mueres y expiras
clavado sobre el madero.
Cristo del Barrio torero,
Cristo erguido que suplicas
Cristo bueno y sanluqueño.
Con esa mirada al cielo
al Padre vas y le dices:
En tus manos mi alma dejo,
¡que no se entere mi Madre
que yo ya me estoy muriendo!

Y tras el Cristo de la Expiración, la Virgen de la Esperanza. La tarde se hace un revuelo de capas blancas saliendo de San Nicolás, como blancas palomas que van a posarse ante la Casa de las Hermanitas de la Cruz, esas Santas Mujeres que tanto saben de la Caridad de Cristo cuidando al enfermo, dando de comer al hambriento, vistiendo al desnudo, consolando al triste o enseñando al que no sabe. Caridad hecha Misericordia en esas obras tan bellas en las que la Hermandad de la Esperanza también tiene su trocito de gloria ganado. Dios quiera que se cumplan todos los proyectos e ilusiones que un 12 de Octubre se colocaron sobre las sienes de la Bendita Reina de la Esperanza, para que la Corona de Oro sea siempre también lo que se prometió, Corona de Amor. De amor al prójimo, de amor a la Hermandad y de amor a Jesucristo y a su Santísima Madre.

Y hecha esta reflexión ante la Casa de las Hermanitas, nuestros ojos quedan prendidos en ese manto verde que por Santo Domingo se dirige al empinado Carril, donde el sol mantendrá con el crepúsculo su porfía de cada Jueves Santo para poder ver en primera fila de barrera al Cristo del Barrio y a la Señora de la Esperanza, que por algo es Patrona y Protectora de la capilla de la Plaza de Toros de El Pino.

Me puse a pensar un día
pá decirte cosas saladas
y sólo me vino a la mente
la dulzura de tu cara.

Quise ir al mar por espuma,
de mi barca levé anclas
queriendo buscar tesoros
por ponerlos a tus plantas.

Quise buscarte turquesas,
las mejores esmeraldas
mas por la orilla del río
sólo encontraba tu cara.

Busqué estrellas en el cielo,
y de la luna su plata
y a las caracolas del mar
quise quitarle su nácar.

Ofrenda de mil corales,
o grandes gemas talladas,
caballitos del mar cercano
y los reflejos del agua.
Tantas cosas para Tí
en mi mente yo anhelaba
que como una marca baja
de mi intento se alejaba.

Por eso Esperanza mía,
de la corona soñada
el Pregonero se queda
con tu cara, siempre tu cara.

Y he aquí que el velo del templo se rasga en dos, de arriba abajo, la tierra tiembla y las piedras se parten, cuando desde la iglesia de Santo Domingo, iglesia con visos de catedral, parten las interminables filas de nazarenos negros para mostrarnos el momento en que María Santísima de las Penas con templa a su Hijo muerto en la Cruz.

Permítanme en este momento que comente cosas de esta Hermandad, a la cual la siento tan dentro, por haber vivido tantos ratos desde su interior y conocer tantas personas con un valor impresionante. Desde el entrañable Nage, el cual dejó su puesto de capataz otorgándonos el honor de llevar el paso de su Cofradía hace ya catorce años, hasta tantos y tantos hermanos luchadores por su Hermandad. Muchas noches de ensayo, de convivencia en la recordada Casa Hermandad del Carril de San Diego, propiedad de Pepe López, después en el número 14 de la misma calle, hasta la actual y coqueta Casa de Hermandad sita en la Plaza de la Virgen del Rosario en las Siete Revueltas. Un sinfín de conversaciones, todas de gran profundidad cofrade, aparte de anécdotas como el año que al salir dimos con la cantonera de la cruz en el cancel y la dejamos detrás… ¿Te acuerdas, Ángel? Pero vamos, de eso no se enteró nadie.., bueno, sí se enteró un nazareno de negro que bien que se despachó conmigo…

Pero en una conversación de las que se me quedó grabada, pregunté a un hermano de la Hermandad y de cierta antigüedad en ella cómo era posible que teniendo a mis hijos apuntados desde su nacimiento en la Hermandad de la Oración en el Huerto, donde querían salir de nazarenos era en la Hermandad de los Estudiantes. A lo que dicho cofrade me contestó: ¿Sabes por qué? “No”, le contesté. A lo que él me respondió de inmediato: ¡Porque cada noche duermen al lado del Cristo de los Milagros!

En aquel momento entendí todo el amor y el compromiso cristiano de las personas que la conforman. Y a mí también me pasa igual. Por eso, Cristo de los Milagros, y María Santísima de las Penas. Por todos los hermanos de la Hermandad. Por todos los que nos dejaron, traigo estos versos prestados, que son reflejo de todo el cariño y el sentimiento de todos los que te acompañamos cada Miércoles Santo:

La Madre piadosa
estaba junto a la Cruz y lloraba
mientras el Hijo pendía.

Cuya alma triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.

Oh, cuan triste y afligida
se vio la Madre escogida
de tanto tormento llena,
cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la Pena.

Y ¿cuál hombre no llorara
si a la Madre contemplara
de Cristo con tanto dolor?
Y ¿Quién no se entristecería,
piadosa Madre, si os viera
sujeta a tanto rigor?

Por los pecados del mundo
vio a Jesús en tan profundo
tormento la Dulce Madre.
Y muriendo el Hijo amado
que rindió desamparado
el espíritu a su Padre.

Oh, Madre, fuente de amor,
hazme sentir tu Dolor
para que llore contigo
y que por mi Cristo amado
mi corazón abrasado
más viva en Él que conmigo.

Y porque a amarte me anime
en mi corazón imprim
las llagas que tuvo en sí.
de tu Hijo Señor
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.

Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de su Pena mientras vivo.
Porque acompañar deseo
de la cruz donde le veo
tu corazón compasivo.

Virgen de vírgenes santas,
llore yo con ansias tantas
que el llanto dulce me sea.
Haz que su Cruz me enamore
y que en ella viva y more
de mi fe y amor indicio
porque me inflame y encienda
y contigo me defienda
en la hora del juicio.

Haz que me ampare la muerte
de Cristo cuando en tan fuerte
trance, vida y alma estén.
Porque cuando quede en calma
al cuerpo vaya mi alma,
a tu eterna gloria
Cristo de los Milagros. Amén.

Jesús prosigue rezando en su eterna Oración del Huerto de los Olivos: “Padre mío, si esto no puede pasar sin que yo lo beba, que se haga tu voluntad”.

Y ya en la jornada del Viernes Santo, toda Sanlúcar se estremecerá al mirar a la portentosa imagen de la Vera Cruz. Jesús se nos ofrece totalmente desplomado por el peso de su cuerpo. Maravilla de escultura que Sanlúcar atesora para su Semana Santa. Donde Francisco de Ocampo o algún otro insigne imaginero quiso ofrecer a esta ciudad la verdadera imagen de Cristo.

Perfección plástica que nos traslada al siglo XVII recreándonos en la memoria la Sanlúcar Ducal, con un Barrio Alto de conventos, palacios y casas señoriales, sumergiéndonos en ellos por calles enchinadas y laberintos de escalerillas, golpeándonos en la mente las representaciones de los Autos Sacramentales en el Corral de Comedias de la Hermandad de la Vera Cruz.

Cofradía con regusto de Semana Santa romántica, en la que aún se conserva en el cortejo la sanluqueñísima chasca y donde sus pasos se pasean cada Viernes Santo por cuadrillas de hombres trabajando magistralmente el tan sanluqueño cincho, ofreciéndonos estampas maravillosas e inolvidables en su difícil e impresionante salida y recogida de la Parroquia de la O, y en su paso por el Arquillo de Rota. Imágenes que única y solamente podemos admirar en nuestra Sanlúcar de Barrameda, y ante las que surge espontánea la saeta que brota del corazón:

Que Cruz tan Verdadera
es tu Santa y Vera Cruz
quisiera morar a su vera
pá estar cerca de Tu luz.

Cierra el cortejo Nuestra Señora de la Soledad en los Misterios Dolorosos del Santo Rosario, imagen de la Virgen la cual podría contarnos tantos avatares a través de su historia, teniendo que vivir su Hermandad infinidad de peripecias para poder mantener su anual estación de penitencia con sus Titulares. Como tener que abandonar su Capilla propia en la Iglesia de la Merced, allá por los años sesenta del pasado siglo para pasar a Madre de Dios, quizás por arrebatos de personas que en aquellos tiempos la desahuciaron y hoy, tal vez la defienden vestidos del ropaje de escuderos del patrimonio histórico.

María de la Soledad, Patrona de capataces y costaleros desde la época del inolvidable Fernando Barbadillo, intercede por nosotros ante el Señor, líbranos de las tristezas de este mundo y concédenos las alegrías del cielo a los que sentimos la alegría inmensa de poder pasearte por Sanlúcar cada Semana Santa.

En una Cruz de madera
clavado de manos y pies
prendido vemos un hombre
que murió pá luego nacer.

Ante tanta maravilla
ante un dolor tan sincero
campanas de la Parroquia
en la tarde tocan a duelo.

Manos que fueron clavadas
por el amor derramado
y en el árbol de la Cruz
Jesús muerto y desplomado.

Siendo Él la luz que guía,
emblema de nuestra Fe
y símbolo del cristiano
que no podemos perder.

Vera Cruz por sus plazas
Vera Cruz por sus calles
Vera Cruz por sus esquinas
Vera Cruz hasta en el aire.
Vera Cruz de la ternura
Vera Cruz de nuestro dolor
Vera Cruz de día y noche
Vera Cruz en el corazón.
Vera Cruz de mil lágrimas
Verdadera Cruz de amor.

Cuando al contemplarte
se hace grito el rumor,
verdaderamente en la cruz
está el Hijo de Dios.

Avanza la tarde del Viernes Santo y por las calles del tiempo, camina la Hermandad de las Angustias. Iconografía de la Virgen María con su Hijo Jesús muerto en su regazo. Cuántas miradas se hielan al admirar el Misterio más sanluqueño de toda la Semana Santa.

La Cruz con el sudario prendido y la escalera donde parece que toda la ciudad subiría para ayudar a bajar a Jesús y depositarlo a los pies de su Madre. Imagen que en su cara refleja la Angustia, y en sus lágrimas, el Dolor y sufrimiento de una Madre, que mirando en silencio a Jesús, sabe que verdaderamente era el Hijo de Dios. Cuantas reflexiones de niños y mayores cuando observamos este misterio, no encontrando palabras para definir el dolor de una Madre ante la pérdida de un hijo.

Virgen bendita, que nos muestras a tu Hijo entre tus maternales manos, ofreciéndolo como Salvador del hombre y del mundo. Ahora que sostienes su cuerpo totalmente inerte, sientes más profundamente que nunca la Pena. Angustia que no puede consolar el amor de todos tus hermanos, los cuales están demostrando todo su cariño y esfuerzo en ese maravilloso altar andante que es tu paso, donde te nos muestras cada Viernes Santo.

He visto caer la noche
la tarde del Viernes Santo
cuando traes a Jesús
muerto ya entre tus brazos.
Oyendo tu voz en el aire
“Bendito Tú, mi Hijo, eres
fruto virgen de mi vientre,
sangre de toda mi sangre”.

Llevo muerto a mi Jesús
porque gente sin conciencia,
con crueldad lo han matao
clavándolo en una Cruz.

Que no suenen las trompetas,
que no vayan a cantar,
porque en esta misma noche
se marchita el azahar.

La voz del gentío calla,
el aire se hace silencio
solo habla mi corazón
con Él en este momento.

La multitud expectante
ve llegar la cofradía
y por tan solo un instante
se vuelve silente y fría.

Andará triste la tarde,
el aire es puro dolor,
que Jesús en su regazo
ya va muerto va por Amor.

Y tu Angustia desmedida
va escudriñando el reloj,
sintiendo llegada la hora
del definitivo adiós…

Que caricia es tu mirada,
flor que de dolor se mustia,
mientras Sanlúcar suspira
sabiendo de tus Angustias.

Y en el Huerto de los Olivos, Jesús entra en la fase final de su agonía y ora con más intensidad, y su sudor vino a ser como gotas de sangre que caen sobre la tierra.

Cerrará la jornada del Viernes Santo el Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo y la Soledad de María Santísima. Cortejo solemne y fúnebre donde toda Sanlúcar acudirá al duelo para acompañar y despedir el cuerpo muerto de Jesús. Y prenderá el soniquete de la saeta:

Ya los pájaros no cantan
ni las flores tienen olores
porque muerto va en una urna
el mejor de los mejores.

Viernes de riguroso luto donde el Señor Yacente presidirá el cortejo de nuestra pena. Junto a Él arderá la cera, junto a sus ojos ya no habrá nada, junto a sus pies, rojos claveles. Y otra vez el corazón roto cuando te contemplemos muerto por nuestra incomprensión diaria a tu palabra de vida eterna, dándonos una vez más la lección divina, en la que te distes en todo tu ser para que nosotros ya nunca muriésemos. Y de nuevo te veremos sólo, abandonado de tu gente, de los que te aclamaban hace unos días y que hoy se esconden sin dar la cara por Ti. Y otra vez los recuerdos, y otra vez la añoranza, y otra vez el silencio tras tu paso, y de nuevo la oración apenas musitada de la anciana que acude fiel a su cita de cada año a verte salir en la plaza de San Francisco, porque ya no te llevan por el Barrio para que ellas y todas las viejecitas de tan sanluqueñísirno lugar puedan participar del Entierro del Señor.

Caminará detrás una mujer, de nombre Soledad, y de tristeza inimaginable, bajo palio de primores, llevándose en el filo de su manto todas las oraciones de Sanlúcar:

Bendita azucena de nácar,
Sanlúcar pensó en una flor
pá acompañar a Jesús
en una noche tan trágica.

Rumores llegaron al cielo
formando gran algarada,
que buscan imaginero
para conseguir tallarla.

Por el río llega el artista
con las ideas muy claras,
portando sus herramientas
para hacer la flor soñada.

Muchos nombres de mujer
gubia a gubia él nombraba
queriendo darle la forma
a una azucena de nácar.
Se ayudó de la que es Gracia
y Esperanza, pá entallarla,
en Mayor Dolor pensaba
y sus manos trabajaban,
y soñando con la Victoria
su trabajo continuaba.

Pensando en la guapa Estrella
las cejas se le arqueaban;
y en su boquita de rosa
Amargura de labios, llevaba.
Llenándose de Esperanza,
su dulce frente tallaba,
y de Penas y “la Lola”
la mirada le fijaba.

Con un rosario de Lágrimas
los últimos toques le daba,
y con la hondura de Angustias
le terminaba la cara.

Del ignoto imaginero
nadie nunca supo nada,
menos aún de las gubias
que el artista utilizara.

El Viernes vemos la flor
que toda Sanlúcar soñaba.
Por eso Tú, Soledad,
blanca azucena de nácar
invitas a la oración
cuando por la calle pasas.

Y al mirarte me pregunto:
si en la tierra eres guapa,
cuando te vea en el cielo,
¿cómo será tu cara?

Así el Padre le anuncia a Jesús su Pasión y Muerte según Sanlúcar de Barrameda, para culminar el Domingo de Resurrección con la más bella historia de amor de un pueblo para con su Dios. Hermandad de la Resurrección, de reciente creación al socaire de jóvenes jareños que le dedican toda su fuerza, toda su juventud y su entusiasmo, dando lecciones cada día de cómo se lucha para conseguir los objetivos.

A hora muy temprana del Domingo, le van diciendo a Sanlúcar: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? Rumores llevará el aire entre los sanluqueños, que poco a poco irán propagando la noticia: ¡Ha resucitado! Y la ciudad estallará de júbilo entre incienso y túnicas blancas, entre sones de cornetas y jóvenes costaleros junto al palo para cumplir con todos nuestros anhelos de capillitas, entre campanas de Gloria y cantos del Aleluya.

Hoy que hablamos tanto de los miedos de la juventud, de la falta de esperanza, del fracaso escolar, de la violencia juvenil, de la drogadicción, en fin, de una juventud perdida, hay que seguir animando a los jóvenes de esta cofradía, para que no cejen en su empeño y sirvan como ejemplo a sus compañeros de generación demostrando que en este mundo de las cofradías hay muchos valores, sobre los cuales se construye y afianza nuestra sociedad. Al final, la Cruz de Cristo será el apoyo y la fortaleza, porque lo que nos queda, lo que no podemos olvidar, es que la vida no tiene sentido sino dándola.

Y puestos a soñar, qué bonito sería en esa mañana del Domingo de Resurrección contemplar la Virgen bajo palio en su advocación de la Paz, toda blancura y primor, como preludio de lo que cincuenta días más tarde, nos llegará con el Espíritu Santo anunciando que Sanlúcar emprenderá el camino hacia la aldea almonteña para conmemorar la venida de la Blanca Paloma y ratificar la promesa del Padre.

Atrás quedaron los temores,
las penas, los desvaríos.
ya no hay nada que temer,
el sepulcro está vacío.
Y canta el muelle pesquero
con sus barcos a babor,
y el castillo y los esteros
que se olvidan del Dolor.

El Cristo Resucitado
la vida cambió de color.
Gloria a Dios en las alturas
con su divina Pasión.

Sanlúcar se arremolina
cercando su Iglesia Mayor
y es Caridad la mejor
de las Madres más divinas.

Porque todas son ya una,
Santísima Redención,
Gloria Bendita del Cielo
que superó su Dolor.

La brisa Resucitada
trae azahar de victoria,
la muerte fue derrotada
y la Parroquia, de gala
se viste para la Gloria.

Y soñamos con la Paz
que traerá su Cofradía
como faro junto al mar
que alumbrará cada día.

Virgen nueva y luminosa
que no llevará puñal,
solo en la mano una rosa
y esa será su señal.

Virgen de la Paz hermosa
detrás del Resucitado
y un embeleso en la boca
le vamos adivinando.
La Paz hecha Paloma
blanca como la nieve,
el remate que corona
a la Fe que nos sostiene.

Fe en Jesús Resucitado
y Fe en todos los Cristos,
en el que muere enclavado
por los Milagros que hizo,
y en el que lleva la Cruz
destilando en su mirada
un sabor de dulce luz,
como fuente de agua clara.

Y Fe en todas las Madres
que caminan tras su Hijo,
siendo su amor tan grande
del Huerto hasta el Crucifijo…
Las Madres que nos darán
la Alegría en esta aurora,
hecha un ánfora de Paz
corno niña que enamora.

Y en la Paz presentiremos
ese otro alborear
que por marismas y cerros
al cielo nos llevará
de aquí a cincuenta días
de espera y de ilusión
al llegar Pentecostés
y ver a la Madre de Dios
hecha Paloma de Paz,
hecha blancura y primor.
Madre del Resucitado,
Madre del Buen Pastor.
Rocío de la Mañana y
Madre del mismo Dios.

Se levanta Jesús de la Oración, llega donde los discípulos, y los encuentra dormidos, y les dice: “Dormid ya y descansad, mirad, ha llegado la hora en la que el Hijo del hombre ha de ser entregado”. Por eso:

El próximo Domingo adoptará la tradición cofrade de siempre, a compás de naranjos en flor, con los signos evidentes que ya hoy percibimos, porque ya la tenemos encima. Atrás quedarán preparativos externos e internos, convocatorias de Cultos, carteles, conciertos y Via Crucis, predicaciones de Quinarios y Comuniones Generales. Sanlúcar se amparará en una luna que se va llenando, aguardando la Pasión. Se hará Calvario en el que sus viejas calles servirán de guía a Cristos y Dolorosas, produciéndose el contraste entre la fría noche y el calor de Sanlúcar a sus Cristos y sus Vírgenes, mientras que el río reflejará en sus aguas la encarnadura de sus imágenes.

Porque el próximo Domingo es el día más soñado por todos nosotros, cofrades de Sanlúcar. ¡Y es que el próximo Domingo es Domingo de Ramos!. Así, en esa mañana de luz especialmente brillante, buscaremos la Puerta de Jerez para llegar a la Iglesia de San Miguel, donde estará dispuesta la Hermandad de la Burrita que luego, entre soles de media tarde, se hará a la calle para llevar a Nuestro Padre Jesús de la Paz repartiendo alegría, salud y bendiciones, entre palmas y olivos, hosannas y aleluyas. ¡Bendito sea el que viene en nombre del Señor!, dándole la bienvenida al que nos llega. Sanlúcar se hará toda Jerusalén y explotará de alegría estrenando primavera, y descorrerá nuevamente el cerrojo de nuestro entusiasmo para dar paso a una nueva Semana Santa. Una Semana Santa que culminará, como ya hemos explicado, con el júbilo cristiano de la Resurrección, pero que comienza con ese otro júbilo hermosísirno del Domingo de Ramos, sin el cual, no se habría producido la venida de Jesucristo Resucitado. Sin Jesús de la Paz sobre su burrita. evidentemente, no habría Resurrección posible.

Borriquita sanluqueña,
bandera de la inocencia,
candor de túnicas blancas,
niños de Dios, que atraviesan
el alma de las miradas.

Eres Rey por una tarde
triunfal entre las piedras,
camino de luz y alarde
de celestial penitencia.

Miras al pueblo que aclama
tu entrada de Salvador,
y bendices tu dolor
sabiendo lo que te llama.

Te entregas completamente,
sabes la Cruz que te aguarda
y tu sonrisa se enciende
con la tristeza más santa.

Qué pensamiento te inunda
como una ola de mar…
que sueña tu caminar
por esa arena profunda
entre la espuma y la sal…

Yo sé que piensas en Ella,
en La que llevas detrás,
que ni las palmas podrán
consolar su triste pena.

Borriquita sanluqueña,
que estrenas Semana Santa
y tu candor es la seña
que hace que se te abra
los postigos de madera
del portón de San Miguel.

Que llorarán los pestillos
al verte a Ti aparecer
rodeado de chiquillos
hasta las puertas del cielo
desde la calle Jerez.

Los ángeles, en su celo,
adivinando el final
se taparán con los velos
de las mallas marineras
por no ver que pisas suelo
de una arena salinera
llevado por la Burrita
camino de la sentencia.

No acordarse del martirio,
que nadie diga palabra,
que su Hermandad se lo guarda
sin que conozca los lirios.

Que ya es mucha la tristeza
que ha de llorar su Madre,
y su alma de niña hebrea
se partirá entre varales.

¡Ay, Madre de la Victoria,
que te iluminas entera!
Que en este Domingo de Ramos
será crucial tu espera,
y al abrirse las maderas
del portón de San Miguel,
nos darás las Escrituras,
Evangelio predicado
entre varales de plata
como una fiel partitura
de música celestial
que sonará en tu casa
al salir y al regresar
rescribiendo así la historia
del Evangelio vivido
por su hijo Jesucristo,
la clave de tu Victoria.

Al aceptar el compromiso de pregonar la Semana Santa de mi pueblo sabía perfectamente mis limitaciones. Pero mis convicciones y el amor a mi ciudad le ganaron la batalla a mi conciencia, quizás porque me inculcaron estas creencias o porque crecí pegado a estas tradiciones.

Siempre he confiado en Ti, Cristo de la Oración en el Huerto, muchas veces me he encomendado a Tu Sagrada Imagen y siempre he tenido respuesta. Desde muy niño me llevaban mis mayores al Hospital de San Diego a visitar y a rezar a la Virgen de la Medalla Milagrosa, parándome de paso a contemplar tu Bendita figura. Recuerdos me vienen de antiguos Domingo de Ramos, viviendo en la calle Pedro Rodríguez, y como mi madre me decía: “Rafaelín, vamos a acompañar un ratito al Señor, que viene muy solo por la Cava del Castillo”.

Mi primer hábito nazareno lo vestí en esta Hermandad a los siete años, formando parte de su cortejo, ya que sólo procesionaba el paso del Señor, y alquilando la túnica en casa de los recordados Lola y el popular Antonio “El Gasolina”. Así, año tras año, hasta sentirlo sobre mis hombros en el año 1981. Nueve años más tarde, dejé el puesto de las trabajaderas con el encargo de mover y repartir el trabajo de ese puñado de hombres valerosos, cuajados a base de corazón y sentimiento que forman tu valiente cuadrilla, la que cada año te pasea por Sanlúcar, siendo almohada para tus rodillas cada Domingo de Ramos. Sin faltar año tras año a la cita, acompañándote por calles y esquinas, procurando no quedarme dormido mientras tú oras. Tantas conversaciones, tantos momentos, tantas sensaciones que quizás sepas más de mí que yo mismo. Sabías de mi intención de haberme puesto al servicio de la Hermandad del Rocío, pero quizás querías que hablara desde este atril de tu Pasión, Muerte y Resurrección. Y aquí me tienes, Señor, porque

Para Ti,
hay una túnica granate
que siempre estará planchada,
con mi capirote blanco,
el costal, las zapatillas,
para cuando te hagan falta.

Para atravesar contigo
las puertas de tu San Diego
cada Domingo de Ramos,
que sabes que para mí
son una puerta del cielo.
Para contemplar tus manos,
donde el alma prendida tengo
y acompañar la mirada
de todo tu amor inmenso,
perdida en el firmamento.

Por eso, Señor, para Ti,
hay una túnica granate
que siempre estará planchada,
con mi capirote blanco,
el costal, las zapatillas,
para cuando te hagan falta.

Seguiré así caminando
siempre soñando a tu vera
por calles del Barrio Alto
donde oras tanto y tanto
al llegar la primavera.

Estar muy pegado al paso.
-crujir de trabajaderas-,
cuando a golpe de martillo
gente con arte, valientes,
hasta los cielos te elevan,
sabiendo que viene detrás
entre oración y alabanza
una Virgen guapa que es
la de Gracia y Esperanza,
de ese Domingo de Ramos
por el Carril de San Diego
con la Gracia en sus andares
de ángeles costaleros.

Y Sanlúcar es oración
cuando llegas a la Cava
sintiendo escalofríos
n esta noche tan santa.
Mantener la tradición
cada año ante tus plantas
bebiendo la misma fuente
en un Jarrillo de Lata.

Por eso, Señor, para Ti,
hay una túnica granate
que siempre estará planchada,
con mi capirote blanco,
el costal, las zapatillas,
para cuando te hagan falta.

Y no quisiera terminar mi Pregón sin hacer alusión a esas nuevas Hermandades que con tanta ilusión y entrega se están gestando, para que tengan la libertad de poder poner en valor todo lo bueno que se tiene y que los demás necesitan. Liberaros de los prejuicios, jóvenes cofrades, liberaros del miedo, de la pereza, de la desconfianza, de la autosuficiencia. Y también de la tristeza, de la indecisión, del egoismo… y asumid vuestras propias responsabilidades, y vivir sincera y valientemente en coherencia a vuestra condición de cristianos.

Seguid en el empeño, para poder así algún día llegar desde Bonanza o desde La Jara, predicando con vuestros pasos un trozo de Evangelio, y poner nuevas Cruces de Guía ante la Iglesia Mayor, ya hechas Cofradías, contribuyendo con esos Misterios de la Sagrada Cena y el Soberano Poder de Jesús en las Negaciones de San Pedro al esplendor de nuestra Semana Santa, que es un camino por el que llegar a Dios a través de las Benditas Hermandades.

Hermandades que en Sanlúcar llevan ya siglos demostrando compromiso y amor a sus Titulares. Por las cuales han pasado generaciones y generaciones de sanluqueños que han sabido mantener viva la llama de la fe dándonos un testimonio y dejándonos una herencia que hemos de seguir conservando y engrandeciendo para el bien de esta gran celebración religiosa, para el bien de nuestras almas y para ejemplo del pueblo cristiano.

Por tan evidentes razones, hay que seguir revalidando nuestra condición de sanluqueños y enarbolando la bandera de nuestra fe, proclamar cada día del año que somos cristianos y cofrades, por la Gracia de Dios.

Porque no podemos ignorar que de un tiempo a esta parte ha surgido la tendencia, cada vez más extendida, que lleva a muchos ciudadanos a discutir nuestras creencias y a poner en tela de juicio todos los valores y todos los sentimientos que a través de los siglos nos han sido legados por tantas y tantas personas que dedicaron parte de sus vidas a este mundo de las Cofradías.

Es evidente que este mal es “un signo de los tiempos” que nos ha tocado vivir. Una situación de la que sólo podremos salir abordándola con mucha fe, mucha oración, mucho esfuerzo y mucho entusiasmo. Personalmente, abomino de aquellos que consideran que el ser cofrade es como tener un diploma colgado en el salón de tu casa, obtenido en tres días de aparecer por una Hermandad a charlotear de marchas o de costaleros. Y por desgracia, abundan este tipo de personajes. Personajes o personajillos que al parecer, han aprendido la Semana Santa en algún portal de Internet, en una especie de cursillo acelerado, pero dando la impresión de no saber valorar el tesoro espiritual. sentimental y material que tenemos entre las manos. Personas que conciben el título de cofrade con una ligereza que asusta, cuando en realidad, ha de ser timbre de honor por el cual muchos estamos y estaremos siempre dispuestos a defender nuestros sacrosantos principios con la propia vida si fuera preciso, incluso derramando nuestra sangre por nuestra Fe, como solemnemente juramos y protestamos con la mano extendida sobre los Santos Evangelios el día que hacemos pública Protestación de Fe en las Funciones Principales de Instituto de nuestras Hermandades.

Y es que hay mucho joven voluntarioso, pero que ha llegado a la Hermandad, a las Hermandades, equivocadamente. pensando que la Cofradía es algo parecido a un club o lugar de recreo.

Y no saben lo que se siente, lo que corre por nuestras venas de cofrades al llegar la primavera y notar un pellizco en el corazón cuando contemplamos nuestros Cristos por las calles o la maravilla de nuestras Dolorosas inundando con su llanto cada rincón de la ciudad, construyendo año a año el Misterio eterno de nuestra Salvación.

Y es que a Sanlúcar no hay que cantarle con palabras huecas ni discursos anodinos. Sanlúcar y su Semana Santa hay que llevarlas en los labios, pero también dentro de nuestro pecho, como verdad de Fe, como vivencia cristiana y como presencia vivida de Jesucristo entre nosotros. Sanlúcar en Semana Santa es más que un romance facilón o un cantecito por lo bajini. Por eso, joven que te auto titulas cofrade, a nuestra Sanlúcar:

No quieras enamorarla
que a ella le gusta enamorarte
y ya verás como parece
que huele incienso en el aire.
Donde el olor de la cera
el aroma del naranjo
embriagan toda la ciudad
como invisible incensario.

Y en escondidas plazuelas
te sorprenderá la belleza,
la luz, un gran resplandor
y el sabor de sus iglesias.
Y los bordes de sus calles
se harán orillas del río
donde alumbrarán a Jesús
largas hileras de cirios.

Y pasará Jesús bueno
a lomos en un borriquillo
para después de rezar
poder admirarlo Cautivo.
Disfruta cada salida,
todos los bellos instantes
de la Sanlúcar cofrade
y no quieras enamorarla
que a ella le gusta enamorarte.

Cargando irá con su Cruz,
lleno de Silencio y duelo,
cruzando toda Sanlúcar
nuestro Jesús Nazareno.
En Vera Cruz se consuma
la muerte sobre el madero
y a los pies de una Santa Cruz
va la Madre sin consuelo.
Y hasta San Francisco llega
su cuerpo inerte, ya muerto
y en San Francisco
será Resucitado y devuelto.

Ante tanta maravilla
hay un revuelo de ángeles
en la Sanlúcar cofrade,
y no quieras enamorarla
que a ella le gusta enamorarte.

¿O nunca has visto en la acera
la expresión de algún chiquillo
que hasta mete los riñones
cuando oye llamar al martillo?

No pongan en duda, señores,
a aquellos que hacen posible
eternizar lo expuesto:
la camarera, el prioste,
el músico o el dorador,
el orfebre, el costalero…
que Sanlúcar así escribe
su propio Quinto Evangelio.

La sentirás en la sangre
porque a ella le gusta enamorarte,
se nublarán tus sentido
porque la sienten tus venas.

Entonces ve y enarbola
bien en alto la bandera
de la fe, de su grandeza
y grita a los cuatro vientos,
a Andalucía, a España entera
que así padece y muere
y también Resucita Cristo
en Sanlúcar de Barrameda.

He dicho.

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