Pregón Semana Santa 2012

PREGON DE LA SEMANA SANTA DE SANLUCAR DE BARRAMEDA 2012

Escrito por D. Fray José de Sanlúcar.
Pronunciado el día 25 de Marzo de 2012, Domingo de Pasión.


 

A Cristina María Romero Mellado,

que con su fragancia e inocencia,

le pide a la Virgen de Regla por mí.


 

 Hace más de 60 años. Termina la “madrugá”, comienza a clarear un nuevo día. Otro amanecer único del viernes Santo sanluqueño. Un hombre joven sostiene a su niño en sus brazos. El niño señala el rostro de Jesús Nazareno. Todo queda en un segundo plano: los sonidos, las risas, los murmullos y  las oraciones… No recuerdo  más detalles, ni siquiera el lugar exacto, sólo los brazos de mi padre y la cara de Jesús Nazareno.

 

     Ningún libro de teología, ninguna catequesis podría haber producido en mí, a tan temprana edad, un efecto tan íntimo, tan personal y tan intenso. Siempre, en mi largo caminar por esta vida, he tenido presente ese rostro del Divino Nazareno.

 

     Hoy me siento pregonero y os quiero decir que cuidemos con esmero nuestras estaciones de penitencia. No despreciemos el poder de la mirada de Cristo, el de las lágrimas de María, porque… no sabemos con quien nos podemos encontrar a la vuelta de cualquier esquina,  como aquel niño, el que hoy os habla,  que encontró su guía y modelo para toda su vida.

 

……….

 

     Sr. Asistente Eclesiástico del Consejo Local de Hermandades y Cofradías de nuestra ciudad, Rvdo. Padre D.  Juan Jacinto del Castillo       Espinosa.

         Sra. Alcaldesa-Presidenta del Excmo. Ayuntamiento.

         Sr. Presidente y miembros de la Permanente del Consejo Local de Hermandades y Cofradías.

        Sres. Hermanos Mayores y miembros de las Juntas de Gobierno.

        Dignísimas autoridades.

        Queridos cofrades, señoras, señores, hermanos todos. PAZ Y BIEN.

    

      

……….

   

     Gracias Fray Antonio por tu presentación, porque sé que has hablado con el corazón y con el cariño atesorado durante toda una vida. En estos momentos me has hecho  volver a vivir, junto a la marcha de la Virgen Macarena y de Jesús de las Penas, esos paseos por la Ronda de Capuchinos, en busca del consuelo de la Señora de San Gil. Y esos atardeceres de Lunes Santo de Sevilla junto al que cargó con Nuestras Penas o las visitas a aquella imagen de la Virgen, de las más bellas que he visto, la que un día se apareció en el convento de la ciudad de la Giralda a Fray Isidoro de Sevilla, La Divina Pastora.

 

     Gracias por estar hoy aquí, en este día tan importante para mí en el que puedo expresar mis sentimientos sobre las advocaciones de la Pasión del Señor en Sanlúcar.

 

     Tú, mejor que nadie sabes, que en aquellos años de Sevilla que llevo grabados en mi corazón, siempre tenía a Sanlúcar en mis labios. ¿ No te acuerdas con qué insistencia y devoción te hablaba de la Virgen Blanca del Barrio Alto ?

 

 

    Gracias Fray Antonio, gracias hermano. Junto a ti descubro y vivo cada día el sentido de la palabra fraternidad.

 

……….

  

 

     Si  he sentido como un privilegio que se acordasen de mí para dar charlas o exaltaciones, no os quiero ni contar lo que supone para este humilde fraile capuchino pregonar la Semana Santa de mi querida ciudad.  Sanlúcar es mi pasión y mi apellido, Fray José de Sanlúcar. Siempre la llevo conmigo, como un hijo a una madre. Sanlúcar me llena y me duele, me cautiva y me preocupa, me enamora cada día y me da vida.

 

  

     Basta con pasear a cualquier hora por sus calles, sus caminos, las lindes de sus campos. Sin prisa, dejándose empapar por los propios pensamientos, sintiendo la brisa salada en la cara. Sus puestas de Sol por la barra, que de pura belleza, enmudecen  a quien las disfruta, como si nos diese miedo  romper ese instante mágico con palabras torpes.  Y qué me dicen de sus noches de luna clara, porque… si hermosas son las puestas de sol, cautivadoras son las noches de luna clara. ¡ Las he visto tantas veces a través de los pinos y cipreses de Capuchinos!, y he pensado que esa misma luna, la que adorna e ilumina la huerta del convento, fue testigo de los sudores de sangre, allá en Getsemaní.  

  

 

     Deambular una tarde por el Barrio Alto, recrearse en sus fermentados aromas inconfundibles,  dejarse llevar por la fragancia de las plantas, por la quietud, por el reflejo del blanco de la cal, imaginar las escenas de las historias que ocurrieron en ellas en otros tiempos, escuchar los secretos de la piedra, de las hornacinas, del nombre de las calles… ésta es la esencia de nuestra Sanlúcar.  Y por eso el pregonero, con voz lastimera como los clarines de la madrugada, tiene que alzar la voz para reclamar esta esencia, para pedir que no se sigan perdiendo más bodegas con sus jardines, de donde antaño se cogían las flores para los cultos de nuestras imágenes. Que no desaparezcan más huertas, que se conserven los edificios que son las señas de identidad del pueblo. Somos nosotros, los sanluqueños, los que tenemos que defender nuestro patrimonio, nuestra peculiaridad, nuestro estilo de sentir y de vivir.  Y no olvidemos que atacar a la Naturaleza es ir en contra de la Creación.

 

     Pero es en Semana Santa donde Sanlúcar llega a su esplendor. El pueblo cristiano, vosotros, habéis vivido la cuaresma, habéis preparado todo con dedicación y esmero, nos hemos acercado a Jesús vivo, estamos preparando la fiesta de la siempre nueva Resurrección. Y eso se nota, aflora por todos lados. La gente presiente algo grande. Muchos lo confunden con una simple fiesta, pero aquí estamos nosotros para, con la ayuda del Espíritu Santo, decirles  que vuelvan  la cara a Cristo, que sientan cómo nos habla, que escuchen lo que nos pide a cada uno de nosotros…

 

     Ahora que se mezclan las inquietudes de siempre con los aromas de incienso y el Universo se abre a la Pasión del Señor, es el momento de la oración pausada.

 

……….

 

  

   ¡ Ay, Virgen de las Angustias, cómo te lo hemos entregado en el calvario ! Totalmente destrozado, una pura herida, en carne viva, sin sangre ya que derramar. Toda la perdió con los latigazos, la coronación de espinas y por la calle de la Amargura. Ahí está Señora, el que nació en Belén, el que salía a trabajar ayudando a su padre, San José,  el que resucitó a los muertos, sanó a los enfermos y dio vista a los ciegos, el que dijo “ quien esté limpio de culpa que tire la primera piedra”.

 

 

     Hoy , Virgen de las Angustias, Madre de las madres,  tu dolor se hace ternura. ¿ Cómo puede una madre tener fuerza humana para cargar con tanto dolor ?  ¡ Y tan joven !, con esa cara de la niña de Nazaret.  ¡ Cómo te entregamos hoy  a aquel niño que buscaste junto al bueno de San José por las calles de la Gran Jerusalén !. Al que no encontró sitio para nacer, por el que huiste del viejo Herodes a Egipto.

 

   

     Han sido tantos tus dolores y angustias y… ¡ así te lo entregamos! Destrozado. Tal como lo vemos, la tarde del Viernes Santo, por la Cuesta de la Caridad, Descalzas o con la compañía de la luz de la luna por la Cuesta empedrada de Belén, provocando la  desolación y, a la vez, la admiración de quienes te contemplamos.

 

 

        Angustias, rosa tronchada

       por la muerte del Señor,

  lloras lágrimas de amor

       bajo la noche estrellada.

 

        Flor de perlas coronada,

       es tu destino un calvario

     y tu regazo un sagrario,

       donde el fruto de tu vida,

      como azucena partida,

       duerme en tu blanco sudario.

    

 

     Os aseguro, que en mi peregrinar por el mundo, he visto muchas imágenes de la Virgen Madre a los pies de la Cruz, en este momento tan doloroso. Imágenes de grandes artistas como Juan de Mesa o Miguel Ángel . Otras coronadas, patronas de grandes ciudades, pero ninguna me ha transmitido lo que la imagen de Las Angustias de Sanlúcar.

 

 

     Tú sigues siendo Madre  de los que piden limosna, de los que no tienen madre, de los que cayeron en la droga…  Tú los acoges como auténticos hijos y Tú eres modelo de la juventud luchadora por la verdad, de los que dicen sí a la llamada de Dios y Tú  eres también Reina de  los mártires que dieron su sangre por la Fe.

    

……….

 

  

     Confío de forma plena en la juventud. He dedicado gran parte de mi vida a ella.  Vosotros, jóvenes, cogeréis la antorcha que os pasemos los mayores en este camino hacia Dios. Sois el presente, el futuro y la esperanza. No debemos entregarles una sociedad vieja y cansada, tenemos que ofrecerles un “mundo mejor” y también una Semana Santa con sentido cristiano profundo, donde se viva la auténtica Hermandad, que ésta sea como las comunidades de los primeros cristianos ( Hechos 2, 44 ).  Huir de lo puramente externo. Sólo es válido lo visible desde el exterior cuando  está sustentado con cimientos de vida cristiana. No se puede ser cofrade sólo en la Casa Hermandad y en la Sacristía. Ser cofrade es ser cristiano. Ser cristiano conforma todo nuestro ser, lo manifestamos en el trabajo, en las celebraciones, en la enfermedad…

   Jóvenes cofrades, no quedaros sólo en las trabajaderas,  acercaos  a los que cayeron en falsos paraísos, haced por conocer a Jesús, esforzaos por pisar por donde Él piso.

 

 

  Cristo se hace solidario con el hombre desde el momento de su Encarnación. Solidario con los parados, los enfermos, los desplazados, los olvidados…Aquí están las Penas de María, los Dolores y las Angustias.

 

     Demasiadas veces estamos sólo en los triunfos, como estuvo el pueblo en la Entrada en Jerusalén.  Señor, Maestro,  quiero aprender a decir : ” Aquí me tienes, yo soy tus manos en este mundo”

 

 

……….

 

  

     Amanece ya el  Domingo de Ramos.  “La Paz os traigo, la Paz os doy”. Ya siento la explosión de blancura y júbilo en los conventos y parroquias con la procesión de palmas y olivos, en las comunidades de la parroquia de Los Ángeles, del camino Neocatecumenal, que se echan a la calle con alegría cantando el hosanna. Pero el apoteosis será por la tarde, en la   “Puerta Jerez “, cuando  acudan todos los niños de Sanlúcar para estar presentes en ese momento mágico en que se abren las puertas de San Miguel. Unos con sus túnicas blancas y sus palmas acompañando al Señor como aquellos niños hebreos, otros junto a sus padres, para que el Señor de la Paz los bendiga desde la burrita. Todos, igual que hace más de dos milenios, expectantes.

 

 

     Hoy es el día de los niños porque no son simples espectadores, ellos ya conocen lo que están viendo, de ello se han encargado sus catequistas de Primera Comunión de sus parroquias, los profesores de religión de sus colegios y sus familias cristianas. Ya saben quién es Zaqueo, el que va en lo alto de la palmera, para que luego nadie venga a  contarles fábulas.

 

    Señor de la Paz, ayúdanos a conseguir que nuestros niños sigan profundizando en la Fe dentro de nuestras Hermandades, en sus Grupos Jóvenes, en los conventos, como las Hermanas de la Cruz, en el Grupo Calasancio de las  religiosas de la Divina Pastora y, sobre todo, dentro de la familia. Ellos son el futuro de nuestras Hermandades y de nuestra sociedad.  No cabe el recelo ante las nuevas generaciones, sino la esperanza. De la formación de ellos dependerá la solidez de las futuras Juntas de Gobierno.

 

 

     Jesús de la Paz, Tú dijiste: “ He venido a servir “. Haz que todos entendamos y asumamos este mensaje.

 

    

     Me vuelvo ahora hacia ti, Señora de la Victoria y te pido con devoción, que me aclares el camino para seguir a tu Hijo en la correcta dirección.

 

        

 

 

         La Virgen de la Victoria

         pasa bajo un palio grana,

       y es su paso filigrana,

        subiendo hasta la gloria,

             mas clavada en la memoria

         queda la tarde dorada,

         de azucenas salpicada.

 

          Florecen luceros rojos

         en las niñas de sus ojos

       y en la luz de su mirada.

 

 

 

……….

 

     Me detengo ahora en el lugar en el que estamos. Quien le iba a decir a aquel niño que fui, que, en este mismo lugar desde el que hablaron tantos grandes oradores, en aquellos quinarios al Cristo de la Veracruz, desde aquel altar catedralicio, y que marcaron mi vida  dejando grabadas las palabras y consejos de aquel fraile Mercedario, iba yo a ejercer, hoy,  de pregonero de la Semana Mayor.

 

 

 

     En el altar del Señor de la Veracruz, junto a los cuadros de Juan de  Roelas, celebraba todos los días la Eucaristía el capellán de la iglesia de La Merced, don Marcelo Espínola y Maestre. Era frecuente ver entre los asistentes a estas misas a Doña María Luisa Fernanda y sus hijos, entre ellos la que sería reina de España: María de las Mercedes. Son estas paredes testigos de la santa amistad que se forjó entre don Marcelo y doña María Luisa, de la que, sin duda,  brotó grandes frutos, entre los que se encuentra la donación del Palacio de San Telmo de Sevilla para Seminario. Permitidme que os haga una confidencia: he querido tener hoy junto a mi corazón una reliquia del Beato Marcelo, para que me acompañe, aquí, en la que fue su casa.

 

 

……….

 

 

     Corren malos tiempos para la oración, Señor del Huerto.  El relativismo rellena el espacio que debería ocupar  la verdad. Cuando contemplo tu oración y agonía en el Huerto de los Olivos, el miedo a pasar por el  cáliz del dolor, tus sudores de sangre, y…  a pesar de todo, Jesús, junto al Castillo de Santiago, aceptas la voluntad del Padre. Gracias por hacerte uno de nosotros, por mostrarnos el camino, por tu sacrificio.

 

 

           El brillo de tu mirada

             mi Cristo de la Oración,

         es presagio de pasión

         en la fría madrugada.

 

           Noche oscura traspasada

         por el cáliz de amargura

         donde aceptas la tortura

       y la cruz de tu condena

         para quitarme la pena

       y tornarla por dulzura.

 

 

 

     La iglesia del viejo hospital, otro referente de espiritualidad, con ecos lejanos de rezos franciscanos y la presencia de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, que tanto consuelo  aportaron a los pobres y enfermos de aquella Sanlúcar de la posguerra. No cayeron en saco roto los consejos y desvelos del capuchino Fray Luis Antonio de Sevilla, que se entregó sin medida a la fundación  de la Hermandad que hoy disfrutamos todos.

 

 

     Cristo ora con miedo ante el sueño de la indiferencia de los suyos. Su oración sigue hoy viva en la Sanlúcar oculta de las clausuras. En el corazón del Barrio Alto, las Carmelitas Descalzas se encargan de ello, y en el Barrio Bajo las Dominicas de Madre de Dios y las seguidoras de Santa Clara, quien una noche de Domingo de Ramos de hace 800 años lo dejó todo para seguir a San Francisco . Estos monasterios constituyen el auténtico alma de mi ciudad, de vuestra ciudad. Ya vez Señor, tu oración desde San Diego tiene compañía desde las clausuras. Oración que da paz viva a tu pueblo.

 

 

……….

 

     A lo largo de mi vida he tenido oportunidad de recorrer la España de los monasterios: Santo Domingo de Silos, Venta de Baños, La Oliva… Monasterios repletos de espiritualidad con la liturgia de Las Horas, la Eucaristía, la oración profunda. Alguna vez visité otros monasterios sin moradores. Bellísimos, cargados de historia, joyas arquitectónicas, emplazamientos inigualables, pero… carentes de vida, piedra fría.

    Las Hermandades sin la presencia del sacerdote, sin la correcta dirección espiritual, no tienen sentido. Podrán ser un grupo fantástico de amigos o una peña, pero nunca una comunidad cristiana o eclesial. Practicad la veneración al sacerdocio como nos enseña San Francisco de Asís. Por encima de todo son consagrados. Sólo así nuestras Hermandades serán un semillero vocacional. Nuestra Hermandad debe ser una verdadera familia, con sus penas y sus alegrías, sus problemas y sus satisfacciones. Parte fundamental en ellas es la formación cristiana, es inútil amar  lo que no se conoce. Y al frente de todo ello, como referente, vuestro sacerdote.

 

   

     La entrega de muchos de ellos a lo largo de la historia es constatable, como los ya citados, el cardenal Espínola, en Sanlúcar primero y luego en Sevilla, y Fray Luis Antonio en  la fundación de Nuestro Padre Jesús de la Oración en el Huerto, o el padre Domínguez de la Cámara en el Señor de la Humildad y Paciencia.

  

 

     ¿ Queremos una Hermandad de verdad ?, pues hay que apoyarla en la oración y la Eucaristía, como nos decía siempre que tenía oportunidad nuestro recordado don Rafael Bellido.

 

    Os tengo que decir que soy testigo de la entrega de miembros de nuestras hermandades en estos tiempos de crisis, de la cercanía y ayuda al necesitado, de la dedicación a la juventud, de los desvelos por la formación… Vuestra labor callada, sin que la mano  izquierda se entere de lo que hace la derecha, va dando, sin duda, frutos cristianos.

 

         Al igual que en otros tiempos difíciles fueron las Comunidades Eclesiales y el monacato, hoy corresponde a las familias cristianas, fieles a la Iglesia, ser sujetos activos de la nueva evangelización.

 

 

 

……….

     Me postro en tierra para hablarte, Jesús del Consuelo. Tu mirada siempre  me dice, cada vez con renovados bríos :  “ ven y sígueme “.  Y te seguí Señor, y te sigo, y te llevo muy adentro.  ¡ Cuántos recuerdos de aquellas primeras salidas !  ¡ No alcanzo a imaginar Sanlúcar sin los atardeceres del Martes Santo con tu imponente presencia por sus calles !   La inmensidad del cielo se transforma en un simple complemento ante la profundidad de tu mirada  ¡ Recibiendo la ayuda de este hombre que venía de trabajar del campo!   ¿ Quién te podría hacer pensar a ti, Cirineo,  que le estabas ayudando a llevar la Cruz al mismo Dios !  Mi oración se hace silencio ante ti, tú te encargas de lo demás.

 

 

               Dame tu pena Consuelo,

         y la cruz de mis pecados,

           descansa en mí los cansados

           pasos camino al Cielo,

           que yo, Cristo, de ti anhelo

          sentir pasión y muerte,

         y abandonarme a la suerte

          cargando tu cruz pesada,

          cuando ya de madrugada

                mis ojos no puedan verte.

 

 

     Gracias a Dios,  los Cirineos siguen apareciendo en estos tiempos de necesidad: ¡ Cuántos jóvenes cofrades anónimos están consolando al hermano inmerso en verdaderas angustias! ¡  ¡ Cuántos cofrades dedican su tiempo y esfuerzo a los demás en un acto de verdadera solidaridad a través de las instituciones de la Iglesia ! ¡ Cuántos religiosos, monjas y seglares hacen del servicio a los demás su razón de ser ! Y quien quiera saber que se acerque por la plaza de San Francisco, que allí está presente el espíritu de Madre María de la Purísima y Santa Ángela , con la entrega de las benditas Hermanas de la Cruz, auténticas Verónicas que limpian el rostro de los cristos vivientes de nuestras calles,  surtidoras de Caridad silenciosa, humilde, de tal entidad que hasta los no creyentes se rinden ante tanto Amor. ¡ Cuánto nos podrían contar los diputados de caridad de nuestras Hermandades!,  las parroquias, los conventos, los profesores de religión con sus  campañas en colegios, misioneros, voluntarios… Gracias Cirineos del Mundo que seguís el mensaje de auténtica entrega de Cristo como lo siguió Simón de Cirene,  dando testimonio del Resucitado junto a sus hijos Alejandro y Rufo.

 

   Y gracias a ti Madre del Mayor Dolor, siempre al lado de tu Hijo, incansable, siempre a nuestro lado, sufriendo con los que sufren.

 

 

 

                Madre del Mayor Dolor,

          con negra saya vestida,

         yo no tengo más salida

           que el Consuelo de tu amor.

 

                Madre, dulzura y candor,

           eres nardo dolorido

           en el jardín florido

    la tarde del Martes Santo,

          cuando el Dolor de tu llanto

          hace que pierda el sentido.

 

……….

 

     Sanlúcar vive con intensidad la Liturgia de Nuestra Madre la Iglesia: El nacimiento de Jesús, la vida de María a través de todas sus advocaciones…Y esa tarde de primavera, cuando sale a nuestro encuentro Cristo en cuerpo y alma, rodeado de la vitalidad de los  niños, acompañado por todas las cofradías ejerciendo de centinelas permanentes, porque  es el mismo Cristo bajo la especie del Pan. Se ha quedado con nosotros para siempre. No, no estamos solos, Jesús está aquí para ayudarnos a morir a muchas cosas: al egoísmo, la soberbia, al afán de dominar a los hermanos, porque si no morimos en todo esto, no tendremos un auténtico domingo de resurrección.

  ……….   

     Ya estoy junto a ti otra vez, Señor de las Misericordias, tú sabes que siempre que puedo paso por la iglesia de la Santísima Trinidad, saludo al hermano capillero, me dirijo a tu altar, te contemplo, te rezo y me quedo con tu cara de dolor. Salgo del templo y sigo divagando por nuestras calles, pero ya en mi pensamiento sigue grabado tu santo rostro. Ese rostro que sigo viendo por calles y plazas. Misericordia Señor, misericordia, que estamos saciados de desprecio. Nuestras almas están hartas  del sarcasmo de los satisfechos, de la indiferencia de los orgullosos, de la incomprensión de los acomodados, de la superioridad. Cristo de las Misericordias…¡ En cuantas caras te he visto hoy !

 

     En mi juventud, el Miércoles Santo tenía algo que no sabría descifrar. Era sonoro y la imagen de Cristo me conmovía.  En mis ojos quedaban las lágrimas de la bendita Señora, la Reina del Dolor. Esa Virgen, parte de un todo, junto a sus  costaleros y la devoción de siglos de todo un pueblo.

 

 

     ¡ Bienaventurada te llamarán todas las generaciones! ¿ Habrá Madre más cercana que la que está hecha de nuestro mismo barro ?

 

 

                Madre y Virgen de Dolores,

              Señora en la Trinidad

     toda dulzura y bondad,

           dalia de amor entre flores     

         y luz entre resplandores,

          siete cuchillos clavados

          cual claveles plateados,

         vaticinio de Simeón,

           para nuestra salvación

         y el perdón de los pecados.

 

 

     Pero fue mucho después, cuando ya sabía de mi sufrimiento y el de mis hermanos, cuando profundicé en tu misterio.  ¡ Y bien que lo hice !

 

     No sé si fue con la luz del atardecer o con la claridad de la noche, por tu calle de la  Misericordia, de tantos recuerdos para mí, donde fuiste puerta abierta a la esperanza en forma de hospital; allí te vi la espalda y todo tu cuerpo marcado por los latigazos del “Mellao”, el “ Verruga” y el                “ Chamizo”. Pero ellos fueron unos “mandaos” como tantos hay en esta vida. Los poderosos no dan la cara, la historia se repite una y otra vez. Los latigazos siguen presentes  cada día en tu pasión que sigue viva en tus hermanos. Los latigazos del paro, de los falsos dioses, de las familias que apenas pueden subsistir mientras otras derrochan. Los latigazos de la corrupción, de las muertes de los que buscan un nuevo horizonte en tierras lejanas, de los hombres y mujeres sin futuro.  

 

     Cristo de las Misericordias, estos son los latigazos que sigues recibiendo hoy de los que, sin misericordia, destrozan tu espalda cada día.

 

 

 

……….

 

 

    Quiero hacer presente ahora aquellos años de mi niñez cargados de austeridad. No teníamos de nada pero vivíamos cada día con auténtica alegría. Un lugar privilegiado en mis recuerdos ocupa la escuela del Sagrado Corazón de Hermanos de la Salle. Allí  sentí  la familiaridad y el compañerismo, la maternidad de la Iglesia y la fuerza de la oración. Los Hermanos nos transmitían su afecto y cercanía. Jamás se hablaba ni de izquierdas ni derechas, en todos los años que estuve con ellos, nunca supe la cantidad de Hermanos que derramaron su sangre por la fe engrosando la lista de mártires, sólo nos hablaban con alegría de la fiesta de la Virgen, de los misterios de la fe y de los sacramentos.

 

     Os aseguro que si no hubiese pasado por el colegio de la Salle, hoy no estaría aquí en esta tribuna. Y me atrevo a erigirme en portavoz de muchos sanluqueños de varias generaciones y dar las gracias públicamente a todos los Hermanos de todos los tiempos que han pasado por nuestra ciudad haciendo tanto bien.

    Las tardes de los sábados tenían algo especial. Llegaba a mi casa, besaba a mi madre y salía presuroso hacia el Santuario para participar en el ejercicio sabatino. Allí me encontraba con la Virgen de la Caridad  nuevamente; verla otra vez después de una semana era una necesidad. Mi oración ante el sagrario, la visita a las imágenes del Señor y la Virgen eran algo familiar y luego… ¡ a la sacristía !. Allí nos encontrábamos con aquel capuchino que nos transmitía su  vitalidad y cariño, Fray Eloy. De su boca supimos de las fiestas conventuales, de San Francisco , de la fraternidad, de la Divina Pastora… Para cuando empezaban los cultos a la Virgen de la Caridad ya estábamos llenos de Cristo.

 

     Era en aquel tiempo mi vida el colegio de La Salle, el Santuario de La Caridad y el Convento de Capuchinos. A estos capuchinos que pasaron por el Santuario les debo mi vocación y el haber seguido las huellas del Santo de Asís durante más de cincuenta años ya.

 

……….

 

          Jesús camino y verdad,

          si Tú llenas la creación, 

      ¡ Cómo podrá la prisión

           encerrar tu inmensidad !

 

 

     Señor Cautivo, aleja de nosotros las ataduras del materialismo que nos ahoga y no nos deja acercarnos a los hermanos. Libéranos del relativismo, en nombre del cual todo puede llegar a valer.  Córtanos los cordeles de la maldad y el egoísmo y haznos vivir  más por los pobres, desarraigados y desamparados. Ayúdanos a ser libres, no nos dejes ser cautivos de nuestras propias miserias. Enséñame el camino, Señor Cautivo.

 

    Esta franciscana Hermandad decidió desde su fundación, seguir las huellas del santo de Asís, con todo lo que ello conlleva que no es poco:  espíritu de fraternidad y servicio a los demás, dedicación a los desamparados y marginados de la sociedad, adhesión total a la Iglesia y seguimiento evangélico.

    Desde aquel primer Martes Santo la impronta franciscana dejó marcadas nuestras calles, imprimiendo carácter a la Hermandad. Más que un cortejo cofrade, asemejaban  claustros monacales, con la presencia de la Comunidad de Capuchinos. Francisco de Asís, vuestro titular, vivió tanto la pasión de Cristo, que quedó marcado en el monte Alvernia con las llagas del Señor. Él sí podía decir como San Pablo: “ Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí “.  Lleváis a gala vuestro título de Franciscana Hermandad, como lo demuestra el hecho de que en  el paso del Señor Cautivo vemos un relicario de todos los santos de nuestra Orden, y el paso de la Virgen de la Estrella porta con orgullo una reliquia del mismo San Francisco.

 

 

     Cuentan las crónicas, que la tarde del primer viernes de marzo ( día de la función principal antiguamente ), el padre Guardián de Capuchinos le imponía a los Hermanos el cordón seráfico y el escapulario. Era Francisco un gran devoto de la Madre de Dios y esta Hermandad sigue sus pasos en el fervor a nuestra Señora.  El nombre de la nueva dolorosa fue propuesto por Fray Gonzalo de Córdoba. ¡ Y bien que acertó y se adelantó a los tiempos, pues se empezaba a hablar poco después de María como la Estrella de la Nueva Evangelización !. Luego vendría el título de Madre de la Iglesia, tal como proclamó Pablo VI a la Virgen al terminar el Concilio Vaticano II.

 

 

     Señora, empújanos hacia tu hijo y haz que nos pongamos en marcha como lo hizo  Francisco.

 

 

 

              Va la Estrella refulgente

           entre pétalos de flores,

         va tornando en alegría

    las penas y los dolores.

 

 

               Cuando pasa por San Jorge

          una Salve rociera

           entre vivas y entre oles,

     inunda como el incienso

    la negrura de la noche.

 

               Que va pasando la Estrella

           por la calle de San Jorge,

         y al pasar va dejando

          su amor en los corazones.

 

                Madre mía de la Estrella

           entre palmas y entre vítores,

         vas bendiciendo a Sanlúcar,

    la tierra de tus amores,

     franciscana nazarena

              Estrellita entre las flores,

           por ti rezamos la Salve

           entre flautas y tambores,

          como si fuera un Rocío

           este Jueves de pasiones.

 

               Que va pasando la Estrella

           por la calle de San Jorge,

         y hasta la marisma llega

          una salve de oraciones.

 

 

……….

 

 

     Las órdenes y congregaciones religiosas están enraizadas con   la fundación de nuestras Hermandades, baste contemplar el recuerdo franciscano en el techo del palio de la Soledad de María Santísima, señal inequívoca de la vinculación de la Hermandad del Santo Entierro a los hermanos franciscanos menores, los mismos que custodian a la Virgen de Regla , en aquel viejo convento de “ Lo Alto de las Cuevas “. O la relación entre la antigua Hermandad de Jesús Nazareno con la Orden de San Agustín; la del Cristo de la Veracruz con los Mercedarios y el cordón seráfico; la relación entre la fundación de la Oración en el Huerto y los Capuchinos; el Señor del Silencio con la presencia Lasaliana; la ya explicada unión entre  Jesús Cautivo y los Capuchinos o la venerable orden tercera de los siervos de María   en la Hermandad de la Virgen de Los Dolores . Y más recientemente, el vínculo carmelitano de la Hermandad  del Consuelo y de las Angustias, con carta de Hermandad de la Orden del Carmen Descalzo y su unión espiritual con el monasterio de las Descalzas de nuestra ciudad. ¿ Y qué me dicen de la Hermandad de la Humildad y Paciencia?, cuya Junta de Gobierno le pide al padre Guardián de Capuchinos en el año 1.947, que se haga cargo de su dirección espiritual, y con la entrega sin límites a los jóvenes de esta Hermandad, ( muchos de ellos estáis hoy aquí) , en la década de los 70 del recordado Fray Alberto de Galaroza. Trayectoria franciscana que desemboca  de forma natural en la concesión del título de Franciscana Hermandad y carta de Hermandad con la Orden Capuchina, entregada por el mismo General de la Orden con sede en Roma, además  de la entrega de las recordadas religiosas Hijas de San José a la Hermandad del Lunes Santo.

 

     Bien lo sabéis todos, pero permitidme expresarlo desde aquí:  los títulos no son para tenerlos, ni para colgarlos, ni para exhibirlos, ni para engrosar el tamaño del nombre oficial de nuestra Hermandad. Son para vivir el espíritu que nos transmiten las distintas Órdenes, impregnar a nuestras Hermandades de él.  Si lo entendemos se trata de un valioso tesoro.

 

……….

 

 

     ¡ Ay, pretorio de la cuesta de la Caridad , testigo de esa corona de espinas, la caña y la capa roja !

 

     ¡ Cuántas veces en la soledad, te he visto cara a cara ! ¡ Cuántas veces hemos hablado Tú y yo ! Nadie me conoce mejor que Tú.  Tu Humildad me enseña el camino, tu Paciencia me da fuerzas.

 

     Mi Señor, hoy, como cada día que te veo, me pregunto por qué tanta maldad. Si hicieron contigo aquel escarnio, aquella burla, ¿ qué serán capaces de hacer a los infelices, a los que ya no tienen fuerzas para seguir luchando,  a los indefensos, a los arrastrados por el oleaje de esta forma de vida tan impersonal ?  Ya lo sé Señor, somos nosotros los que tenemos que salir en busca del infeliz y hablarle de ti, los que tenemos que transmitir la alegría de ser cristiano, los que nos tenemos que interponer entre las injusticias y los indefensos, los que tenemos que transformar la sociedad.  Lo sé Señor, y sé que tengo que hacerlo desde la Humildad y con Paciencia.

 

     Señor, como cada día y con la complicidad de siempre, te pido que ablandes los corazones de las personas que viven para la maldad, la burla y el engaño y que fortalezcas la decisión de actuar de los que nos llamamos seguidores tuyos.

 

……….

 

     Es momento de reivindicar la validez de nuestras cofradías. ¿ Quién dijo que no son necesarias, que son espuma, pura apariencia, qué no aportan nada ?

 

      Pregunten a los sacerdotes por los seglares, miembros de una cofradía, que se han integrado de forma plena a la vida parroquial.

 

     Pregunten en los seminarios dónde sintieron la primera llamada a la vida consagrada. Escucharán en muchas respuestas la expresión “ mi Hermandad “.

 

     Analicen la procedencia de los que están dedicando su tiempo, que es la forma más simple de dar parte de tu vida, a los  necesitados y desplazados de nuestra sociedad a través de instituciones como Cáritas o Manos Unidas.

 

    Pregunten por los que, de forma altruista, se dedican a la formación de los jóvenes.

  Analicen quién está detrás de tantos cultos, convivencias, charlas formativas, vía crucis, celebraciones eucarísticas, exaltaciones y pregones.

    Pónganse en cualquier esquina de nuestra Sanlúcar y pregunten al pueblo llano sobre la Iglesia. Verán como brotan las referencias a nuestras imágenes y cofradías por todos lados.

 

     Miren en las carteras, ¿ habrá alguna sin esa imagen de la Virgen, Cristo  o alguno de sus seguidores o seguidoras santificadas ?

 

    Quieren saber de las devociones de nuestro pueblo, pregunten por el nombre de sus hijos.

   

      Entren en los hogares y observen quién los preside.

 

     Señores y señoras, somos importantes para la Iglesia, en muchos casos formamos su punta de lanza, el primer contacto, la avanzadilla,  la forma de acercamiento más inmediata. La Hermandad constituye parte de un itinerario hacia Dios. Siéntanse orgullosos de ello.  Que tenemos aspectos que mejorar… pues sí, claro. Ahí está el trabajo nuestro de cada día.

 

    Queridos Hermanos Mayores y Juntas de Gobierno, hermanos y hermanas de cualquiera de nuestras cofradías,  si las Hermandades no existieran habría que inventarlas.

 

……….

 

    Vuelvo otra vez a la magia y la complicidad de tu rostro, Jesús Nazareno.

 

 

 

               Cuando pasas Nazareno

    la noche queda callada,

    las estrellas desde el cielo

          se duermen en tu mirada.

 

               Cuando pasas Nazareno

     florece la flor del alba,

           brilla la luz de la luna

           en las aguas plateadas.

 

               Cuando pasas Nazareno

           es la vida una esperanza,

           es fuente donde beber

         y manantial de la gracia.

 

               Cuando pasas Nazareno,

    jilgueros vuelan y cantan,

           acariciando tu cruz,

          hecha de carey y plata.

 

               Cuando pasas Nazareno,

          cuando el Nazareno pasa,

         van brotando las saetas

           de las gargantas del alma.

 

               Cuando pasas Nazareno,

              Señor de la madrugada,

     todo lo tiñe morado

    la dulzura de tu cara.

 

               Cuando pasas Nazareno

           entre rezos y plegarias,

     toda Sanlúcar te espera

           entre luces de alborada.

 

               Cuando pasas Nazareno

           por delante de mi casa,

           desde mi balcón te miro

           asomado a la ventana.

 

 

               Cuando pasas Nazareno

         van tras de Ti mil pisadas,

           de mujeres penitentes

          con dolor en su mirada.

 

               Cuando pasas Nazareno

           por las calles y las plazas,

           golondrinas mañaneras

           anidan en tu peana.

 

               Cuando pasas Nazareno,

          cuando el Nazareno pasa,

     toda Sanlúcar te espera,

              Señor de la Madrugada.

 

 

      Dicen que los jóvenes no conocen el miedo cuando se trata de defender la verdad, la justicia, al amigo.  San Juan, el más joven, casi un niño, siguió al Maestro hasta el final de la tarde de la Cena. Su cabeza reclinada en el pecho de su Maestro. Él sentía la tristeza y el dolor del Señor. Lo conocía tan bien y lo quería tanto como a María. Aquella noche no tuvo miedo, estuvo allí con valentía de joven hombre y lo vio coronado de espinas, y se estremeció con los latigazos, y sintió el peso de la cruz. Entre la multitud buscó a María y le contó lo que estaba pasando al Maestro:

          

 

 

           Yo lo vi pasar cansado

           por las calles de mi pueblo,

     iba cargando una cruz

           de plata, carey y  duelo.

           Lo vi pasar, Amargura,

          con el pesado madero.

               Caminito del calvario

           pasa Jesús Nazareno.

 

           Lo vi pasar, Amargura,

         y sentí pena de nuevo,

           aquella pena que sentí

           en la oración del huerto.

 

           Lo vi pasar, Amargura,

    la noche tembló de miedo,

           que va en busca de la muerte

          como un vulgar prisionero.

 

           Lo vi pasar ,Amargura,

           amarrado va el cordero,

           el que quita los pecados

         y  sanó a los enfermos.

 

           Yo lo vi pasar, Señora,

          sentí un dolor inmenso,

          cayó delante de mi

         y no pude recogerlo.

 

           Lo vi pasar, Amargura,

           por las calles de mi pueblo,

    llevaba sobre sus hombros

           el dolor del universo.

 

           Yo lo vi pasar, Señora,

          cargando con el madero.

               Caminito de la muerte

           pasa Jesús Nazareno.

 

           Lo vi pasar, Amargura,

         y lloraban los luceros,

         y lloraban las estrellas,

    la luna de luto negro,

          con encajes enlutada

     tras un morado cortejo.

           Lloraron las cornetas

          sus sonidos lastimeros,

          cuando pasa por Sanlúcar

              Padre mío Nazareno.

 

           Lo vi pasar maniatado

         y sentí pena por dentro,

           que va en busca de la muerte

           el Divino Nazareno.

 

 

            Lo vi pasar por Sanlúcar,

         y volaban los vencejos,

         y asomados al Castillo

          un revuelo de jilgueros.

 

 

           Lo vi pasar, Amargura,

           entre sollozos y rezos,

     tras su paso caminaban

                mil mujeres en silencio,

           pies desnudos y  descalzos

     trazan un frío sendero,

         van tras el Cristo divino

      rogándole su consuelo.

 

 

           Lo vi pasar, Amargura,

           el alba llegó de nuevo,

         y vi su cara bendita

      ¡ay! tan fría como el hielo,

          su corona era de escarcha

           de jazmines y romeros,

          su túnica era morada

          como el ocaso del cielo,

          con sus divinas manos

          sostenía aquel madero,

           donde habían florecido

          claveles de terciopelo.

 

 

           Lo vi pasar, Amargura,

          sentí un profundo miedo,

           abrazado va a la cruz

           de su pena y su tormento,

           que pasó junto a mi lado

           el divino Nazareno,

         y lloré de amargura,

           de pena y sufrimiento,

           que va en busca de la muerte

          como un manso cordero,

    lo vi pasar, Amargura,

           bajo el peso del madero:

      “Señor de la Madrugá”,

           padre mío Nazareno.

 

……….

 

      Siempre sentí  especial devoción por Nuestra Madre la Virgen María. En Ella he confiado de un modo singular.  Una advocación con la que tuve mucha familiaridad desde niño es  la Virgen de los Dolores. En mi casa el viernes de Dolores era una gran fiesta. Era el día de mi madre, aquella madre que aguantó todos los vendavales que le tenía reservados esta vida en silencio, ayudando a toda la familia sin esperar nada a cambio, por eso ha sido para mí la piedra fundamental donde se cimienta  mi devoción mariana. Siempre que bajábamos al mercado, como tantos sanluqueños de tantas generaciones, pasábamos por la Trinidad para saludar a la reina del Dolor. Cuando salí de Sanlúcar y pensé que iba a estar lejos de Ella, el destino me llevó a Córdoba, donde me encontré a la que protege, guarda y ampara a la ciudad de los Califas, la Virgen de los Dolores. En Ella encontré maternidad y amor, sentí su protección en aquella adolescencia. Después vino la ciudad mariana por excelencia, Sevilla, donde  me encontré con otra bendita Señora de los Dolores. Fue tanto el impacto que me causó, junto a su Hijo caído en tierra, cargando con nuestras Penas, que decidí acompañar a la Señora todas las tardes del Lunes Santo sevillano, como nazareno de luz.

 

……….

     Hay Hermandades que nos transmiten el mensaje de la maternidad de María, como ocurre  con el Cristo de los Milagros y Nuestra Señora de las Penas.  Jesús nos da a María por Madre, que nadie diga en esta vida que está huérfano, que se nos ha dado, como madre,  a la misma Madre de Jesús y a  la Iglesia.

 

 

              Sanlúcar tiene un calvario

           entre lágrimas y Penas,

    llantos de dos Nazarenas,

           que a los pies de su sudario,

     rezan eterno Rosario

           por la muerte del Señor,

                Milagros muerto por amor,

           entre sollozos y llantos,

     tardes de Miércoles Santos

           entre Penas de dolor.

 

 

     Hermandad que hace de la vida parroquial su razón de ser, se funde con  ella. Auténtica Iglesia caminante. Cofradía, parroquia, sacerdote… piezas de un todo, ejemplo a seguir.

 

 

    Otras Hermandades hacen de su nombre su ideario, es el caso del
Silencio. Con el silencio ante Jesús sacramentado lo hablamos todo, cualquier palabra resulta imperfecta, no sirven para expresar tanta grandeza, tanto agradecimiento. Es el lenguaje del silencio de los monjes, de las personas que se quieren. Hablar queda en nada, sólo el Silencio y el Amor en la noche callada de Belén.

 

 

           La noche queda callada

           entre Silencios de Amor,

         y una espada de dolor

          su pecho lleva clavada.

              Silencio en la madrugada

           de este Jueves sanluqueño,

           que todo  queda pequeño,

           ante el peso de tu cruz.

           La luna apaga la luz

          cual si todo fuera un sueño.

 

    

     Otras cofradías  brotan del fervor popular y la espiritualidad del pueblo. Sanlúcar se vestirá con sus mejores galas para acoger al Señor de la Sagrada Cena, que irrumpe por primera vez haciendo su estación de penitencia, lo contemplaremos sólo como haciéndonos un gran reto a los cofrades a acompañarle en aquella cena, última del Maestro, donde se queda en su presencia inagotable con nosotros.

 

     Todos los humanos le tememos a la muerte, “Que pase de mí este cáliz “. Agotamos hasta el último recurso para luchar contra ella,  aún así sabemos que es la muerte una puerta a la vida. Si el grano de trigo no muere, no germina la espiga en primavera. Este es el momento de una Hermandad cargada de historia, seguidora de San Francisco. Sabemos recientemente que es franciscana y sacramental, añadiendo ahora el título de Real Hermandad. Dulce tristeza, antesala de la gran Resurrección.

 

 

               Cinco Llagas te recuerdan

    las heridas de mi Cristo,

    la noche del Viernes Santo

          sola vas por San Francisco.

 

             ¿ Dónde vas, mi Soledad,

          con tu pena y tu martirio?

               Que por la calle del Ángel

     tu cara parece un lirio,

         y en tus manos enlazadas

    llevas clavos y cuchillos.

 

             ¿ Dónde vas, mi Soledad,

          solita por San Francisco ?

              No  busques entre los muertos

           al que vive entre los vivos,

           al que ha vencido a la muerte

           por los siglos de los siglos.

 

             ¿ Dónde vas, mi Soledad,

          con tu llanto y tu suplicio ?

              No llores más, Madre mía,

                mira ese río de cirios,

           que por la calle del Ángel,

    las saetas y suspiros

           dejan paso a la alegría

           de un domingo renacido.

 

           Ya no llores, Soledad,

           que se escuchan ya los trinos

           de los pájaros que cantan

           a un Cristo triunfante y vivo.

 

 

 

     Cuando la tarde del Jueves Santo, las puertas de San Nicolás se abren de par en par dejando pasar la luz de la tarde, la Cruz de Guía  de la Hermandad de la Esperanza, nos anuncia la agonizante muerte de un Cristo que expira siendo, al mismo tiempo, fuente de vida. Cristo de las Aguas que clavado en un madero proclamas tus Siete Palabras de amor.

 

 

“ Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” :  como nosotros también sabemos perdonar a quienes nos ofenden.

 

“ Hoy estarás conmigo en el paraíso” : el edén lo vivimos cuando nos entregamos  en la solidaridad y el amor al prójimo.

 

“Mujer, he ahí a tu Hijo”: Hermandades de Sanlúcar, he ahí a vuestros hermanos, los más necesitados.

 

“¿Por qué me has abandonado?” :¿por qué seguimos abandonándolo todavía cuando en el prójimo no lo vemos reflejado?

 

“Tengo sed” : sed de justicia, de la verdad, sed ante tantas necesidades  por las que atravesamos.

 

“Todo está consumado” : cuando al final de nuestra  Estación Penitencial, de nuestra vida, podamos decir con orgullo:  Todo lo hice según tu Palabra.

 

“En tus manos encomiendo mi espíritu” : Y cuando ya los cuatro zancos del “paso” de nuestra vida reposen definitivamente en tierra, sólo nos quedará decir: Padre en Ti confío, y a Ti vuelvo.  A Ti entrego mi alma.

 

     Y detrás tuya, siempre atenta,  La Esperanza:

 

              Esperanza coronada

           por tu barrio marinero,

           quiero ser tu pregonero

           en la noche esperanzada.

 

              Una corona soñada

         ya reposa en tu cabeza

         y el pueblo se embelesa

    la tarde del Jueves Santo,

          con el verdor de tu manto

         y el blancor de tu pureza.

……….

     Ya lo sabéis mejor que yo, el mundo de las cofradías es complejo y requiere muchos sacrificios y entrega:  Formación cristiana,  grupos de liturgia,  organización de cultos, talleres de bordado, recaudar fondos con métodos tradicionales e imaginativos, no  por capricho, sino para mantener y mejorar el patrimonio , la obras de caridad, los ensayos de los hermanos costaleros, las bandas de música para solemnizar nuestras procesiones, las actividades de las asociaciones culturales como el Rincón del Costalero o El Jarrillo de Lata, la labor de difusión en los medios de comunicación, los exornos florales, la participación en la vida parroquial, los grupos de acólitos, la pastoral juvenil, el trabajo del Consejo Local de Hermandades y Cofradías, dinamizando y coordinando toda esta ingente actividad,  la oración punzante del saetero, el esfuerzo de los predicadores por acercarnos la Palabra de Dios, la  dirección espiritual que es guía directa del magisterio de la Iglesia para las Hermandades… Y así podríamos seguir y seguir.  En medio de esta actividad frenética  aparecen personas de alta talla humana y espiritual que destacan por su entrega. De entre estas personas excepcionales quisiera nombrar hoy a Don Narciso Climent Buzón, sacerdote y amigo cofrade, y quiero destacar  su labor  como historiador de nuestras Hermandades,  como conferenciante y pregonero y  siempre con el difícil y apasionante mundo de la juventud. De todo ello doy testimonio y fe.

 

 

……….

 

 

     Para este pregonero, en el momento del ocaso de su pregón, ha llegado ya la hora de desnudar su corazón a la rosa de los vientos. Desde que me propusieron pregonar la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según la ciudad de Sanlúcar, mi pensamiento voló a la Virgen Blanca del Barrio Alto, como la llamaba el Padre Alberto. Mi Señora de las Lágrimas ha sido  para mí alfa y omega, siempre presente en mi vida, en mis penas y alegrías. Y en las noches oscuras sin salida, como aquella en calle Trabajadero, sólo encontré esperanza y luz en sus lágrimas. Porque sus lágrimas no son sólo de dolor, son lágrimas de amor, de consuelo y de ánimo.

 

     Señora de las Lágrimas , voy a tu encuentro como tantas veces, desde Capuchinos, por los antiguos caminos del Molinillo. Hoy los campos comienzan a despertar a una nueva primavera, los aromas se entremezclan y yo me imagino a San Francisco camino de San Damián. La cuesta se me hace corta porque pronto te tendré delante. Tú me estás esperando en tu altar con las manos abiertas. Señora, tu presencia me da vida. Gracias por la alegría de los niños, ellos representan un nuevo amanecer. Te traigo la ilusión de los jóvenes , el calor de los hogares cristianos y  la sonrisa de los ancianos. Te pido que no nos falte el vino de la caridad y la esperanza. Bendita mi Señora que pusiste a aquellos jóvenes en mi camino, amparados bajo tu manto blanco. Hoy son hombres de bien y comprometidos en esta sociedad difícil en la que vivimos, hoy cumplen tu mensaje : “ Haced lo que Él os diga “. ¿ Te acuerdas de ellos, Señora ?  Hoy son una auténtica familia,  ¡ míralos !. Recuerdo que ellos fueron el consuelo de mis penas que son las penas de Cristo. Tú eres la causa de mi alegría, Virgen de las Lágrimas, y el soporte de mi pregón.

 

          Son testigos de tu llanto

    las estrellitas del cielo,

          cuando besan tu pañuelo

    la tarde del Lunes Santo.

 

           Tras la estela de tu manto

    la noche cae serena,

         y tu mirada de pena

          hace llorar  a la paloma,

    la que de tu palio asoma,

           Lágrimas de gracia plena.

 

 

……….

 

 

 

 

 

     Al llegar al final de este camino, mi pregón, que atravesó un invierno seco y frío y alguna que otra noche sin dormir,  he de decir  que han pasado por mi pensamiento muchos instantes que yo creía perdidos y muchas sensaciones al calor de nuestras imágenes de las advocaciones de María y momentos de la vida de mi Señor. Siempre con los evangelios en mis manos, y los amigos de verdad siguiendo la marcha del pregón, aportando auténticos consejos fraternos. Ellos han dado vida a este pregón que está a punto de terminar, y junto a ellos las oraciones de las religiosas de los monasterios de clausura de nuestra ciudad y, en la lejanía, de las hermanas capuchinas. Quiero también recordar y agradecer las oraciones de los guardianes de mi Señora de Regla, ella han sido también el alma de este canto a Jesús y a María con mis torpes palabras.

 

 

      Esta última oración me lleva a los pies del Señor de la Veracruz. Escucho su voz como escuchó San Francisco la voz del Cristo de San Damián, y uno esta oración a la de las hermanas capuchinas del monasterio de San Rafael de Córdoba, auténticas contemplativas, que en este mismo instante están  orando en su capilla, ante el Cristo vivo del sagrario, por este pregonero y sus oyentes, vosotros.  Gracias por vuestros rezos hoy y siempre.

 

 

     Señor de la Veracruz, a ti que conoces desde hace tantos siglos a esta Sanlúcar,  que has vivido tiempos de esplendor y grandeza aquí en la Merced, que  nunca perdiste el señorío de hombre Dios, a Ti que diste la vida por todos nosotros el primer Viernes Santo de la historia y la sigues dando cada nuevo día,  te pido por  esta tu ciudad, para que sea una verdadera fraternidad, para que nuestros niños  crezcan en un ambiente de cariño y comprensión, que no les falten la formación cristiana en las familias ni las catequesis en las parroquias y te pido también por una Sanlúcar COFRADE  con letras mayúsculas,  sin distinción de colores de túnicas con un único y común objetivo, la construcción del Reino de Dios.

 

 

 

           Los Cristos de mi Sanlúcar

          salen en Semana Santa,

           para vivir la Pasión

           por las calles y las plazas.

 

               Con el  Domingo de Ramos,

           entre olivos y entre palmas,

         veremos su Paz triunfante

         y jubilosos  Hosannas.

 

           Y la plaza del Hospital

               Getsemanies que amargan,

Oración en el Huerto

           bajo luna  desvelada.

 

           Lunes Santo Coronado

          con espinas y una caña,

          con Humildad y Paciencia

         viene por calle Descalzas.

 

              El Martes Santo morado

           por la calle de la Plata,

          un Cirineo es Consuelo

           para tan pesada carga.

 

 

              Su Soberano Poder

     todo lo puede y alcanza,

              Pedro negará tres veces

           antes que el gallo cantara,

         y quedará  Guadalupe

          con San Juan  desconsolada.

 

               Con andares marineros

    llegará desde Bonanza,

          nuestro Señor de la  Cena

          con el cáliz  que nos salva.

              Azotado por Trascuestas

           entre lloros de su Plaza,

         veremos Misericordias

           a raudales derramada.

 

              Por Santo Domingo Penas

         y Milagros por la Cava.

            Y Cautivo por San Roque

          con la Estrella en su mirada.

 

 

              Expiración que muere

          como ocaso por Doñana,

                mientras una virgen llora

          su esperanza coronada.

 

           Y todo será Silencio

           en la fría madrugada,

          cuando pasa el Nazareno

           entre rezos y plegarias.

 

Por el  arquillo de Rota

    la luna llora de rabia

           al pasar la Veracruz

         ya sin luz en su mirada.

 

              Por  calle Misericordias

         viene dormido en sus plantas

          un Cristo que yace muerto

           en  sudario de esmeraldas.

 

           La plaza de san Francisco,

     franciscana y centenaria,

           es testigo del Entierro

           entre sollozos y lágrimas,

                mas la muerte no termina

          con la vida y la esperanza,

          cigüeñas de San Francisco

          con su vuelo de alas blancas

           anuncian  Resurrección

          un domingo de mañana,

      ¡Cristo ha vencido a la muerte

         y ha salvado nuestras almas!

……….

     ¡  Ya está aquí la Semana Santa !  Quizás algún padre alzará a su querido hijo  en sus hombros para acercarlo al Señor. Quizás la mirada de Cristo se cruce en la vida de ese niño. Tal vez los sonidos, las risas, los murmullos queden en un segundo plano, dejándolos solos:  Cristo y él. Tal vez ese momento, sin que el padre lo sospeche, sea crucial en la vida de ese niño. Quizás, algún día, dentro de muchos años, ese niño sea pregonero.

 

 

He dicho. Muchas gracias.

 

 

 

                   Fray José de Sanlúcar o.f.m. Cap.   Marzo de 2.012

 

 

 

 

AGRADECIMIENTOS

 

    Al Rvdo. padre D. Juan Jacinto del Castillo Espinosa y al presidente y al Consejo Local de Hermandades y Cofradías, por haber confiado en mí.

 

   A D. Vicente Hernández Muñoz, por su preocupación y atenciones.

 

   Al Hermano Mayor de la  Piadosa Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús del Consuelo y María Santísima del Mayor Dolor, por su reconocimiento y amistad sincera.

 

   Al Hermano Mayor de la Fervorosa, Humilde y Franciscana Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús Cautivo y María Santísima de la Estrella, Madre de la Iglesia y San Francisco de Asís,  por sus consejos fraternos.

 

   A la Ilustre y Fervorosa Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Paz en su Entrada Triunfal en Jerusalén, Santísimo Cristo del Perdón, Nuestra Señora de la Victoria y San Miguel Arcángel, y a la Muy Antigua e Ilustre Hermandad y Primitiva Cofradía de Nazarenos de las Llagas y Sangre de Cristo, Santísimo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo y Soledad de María Santísima, por sus atenciones.

 

   Al Grupo Joven de la Fervorosa y Franciscana Hermandad de nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia en su sagrada Coronación de Espinas y Nuestra Señora de las Lágrimas, por sus oraciones y apoyo.

 

   A José Manuel Ávila Saborido, Enrique Romero Vilaseco, José David Sánchez Morales, Federico Luque Martínez, Rafael Rey Fernández y  Pedro de los Santos Gordillo, por estar siempre disponibles.

 

   A Manuel Mellado Rodríguez y Juan Manuel Ayala por su amabilidad.

 

 

   A José Manuel Romero Hermosilla y al fotógrafo Francisco Muñoz “Chili” , por su colaboración inestimable.

 

   A Charo González Bianchi, Fátima del Carmen Bornes, Juan Manuel González Raposo y Juan Montaño Parada, José María Díaz “ El Forestal” y Dña. Antonia Soltero y José Ruíz García,  por su cariño.

 

   Al padre José Arjona Gil y al doctor Fernando Cruz Isidoro, por ser fuente de inspiración.

 

   Y a mis hermanos de la Comunidad de Capuchinos de Sanlúcar de Barrameda y Jerez de la Frontera, por compartir tantas vivencias conmigo.

 

 En sufragio al recuerdo de :

 

D. Rafael Bellido Caro, Fray Alberto de Galazora, Fray Leopoldo de Luque, Fray Eloy de Purchil, Padre Gil de Pedroche y mi hermano Juan Manuel Martín González, siempre presentes en mis oraciones y recuerdos. Y de  todos aquellos cofrades que se fueron.

 

 

 

 

 

 

Este pregón se terminó de imprimir

la fiesta del patriarca Señor San José,

 custodio de nuestro Señor

 y esposo de la Virgen Madre.

19 de marzo de 2.012


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